EL UNIFORME escolar se va introduciendo de nuevo en los colegios públicos españoles y de la Unión Europea como factor de socialización y ayuda a los padres para que sus hijos no caigan en la guerra de las marcas, causa de desigualdades entre quienes tienen poder adquisitivo y quienes carecen de recursos. Es cierto que lo hace con timidez y entre alguna que otra polémica, pero nuestros centros escolares se han llenado de hijos de inmigrantes de todos los colores, razas y religiones y no es mala idea integrarlos por lo que son y no por lo que tienen. Eliminar barreras económicas y sociales redundará en armonía, evitará problemas y disgustos a la mayoría de los padres y traerá ahorro a los gastos. Ver la indumentaria de nuestros jóvenes es descubrir una guía de nombres adosados a su cuerpo que compiten en colorido y tamaño para ser los más destacados. Camisetas, calcetines, calzoncillos, tangas, sujetadores, zapatillas, polos, pantalones, cazadoras, sudaderas, chándales y una larga lista de adminículos y complementos lucen en lugares bien visibles el nombre de sus fabricantes, conocidas marcas nacionales e internacionales que han encontrado en estas edades su mejor nicho de mercado. Los sociólogos señalan que los valores sociales que tienen mayor presencia en la publicidad destinada a los jóvenes son, por este orden, los de tipo hedonista y de presencia; los vinculados a la trasgresión y la aventura; los idealistas y pragmáticos, y los de identificación. Y subrayan que no proyectan, o lo hacen con muy baja intensidad, valores como el compromiso social, la solidaridad o la armonía familiar. Si es así, conviene crear marcas que tracen estos valores y eviten en los colegios que el desfile comercial por las aulas fomente también las diferencias sociales y provoquen depresiones y exclusiones en aquellos jóvenes que no pueden incluirse en el grupo por carecer de sus elementos comerciales identificadores. El uniforme es un elemento de cohesión que no atenta contra la igualdad de sexos y que vuelve a ser necesario en la actual sociedad multirracial y con tanta diferencia de clases, ahora que felizmente el derecho a la educación es universal y obligatorio. Bienvenida sea esta corriente y ojalá fructifique en el curso escolar que ahora se inicia y en los sucesivos, evitando también las protestas que se producen en algunos colegios cuando llega el calor y algunas jovencitas émulas de Lolita lucen indumentarias que alborotan en exceso a los gallos del gallinero.