CUANDO esta semana dos medios de opinión tan importantes como la BBC y Le Monde han tratado el tema de la energía; cuando en España -sin que se expliquen los motivos- estamos metidos en la pelea de la opa por la energía, con consecuencias profundas, políticas, sociales y económicas, tenemos que empezar a sospechar que algo importante para la vida humana va a ocurrir. Efectivamente; en el periódico francés (13 de septiembre) aparece un titular de cabecera que dice: «Villepin llama a prepararse para la era del post-petróleo». La BBC (12 de septiembre) proclamaba que estamos en plena guerra de la energía, que es mucho más que la guerra del petróleo. Este recurso cada vez más caro y escaso tiene un límite (como ya publicamos en el artículo del mes de julio ¿Por qué sube el petróleo? ). Dentro de unos veinte años el uso del petróleo para distintos fines energéticos, industriales, domésticos y de transporte habrá sido superado por el gas abundante y barato. Según un informe de la Shell, el gas licuado a una temperatura de menos 160º c, puede ser transportado por vía marítima sin problemas a todo el mundo. Señala como ejemplo a España que recibe el LNG ( Liquefied Natural Gas) de Omán, al igual que Japón lo recibe de Australia o EE. UU. de Nigeria. De esta forma debemos de considerar que las estaciones gasificadoras, capaces de recibir a los barcos gaseros, constituyen objetivos estratégicos de primer orden para la economía y el desarrollo de regiones y naciones. Por otro lado se asegura que las reservas de gas sin explorar son de enormes cantidades y que están en continuo crecimiento. A pesar del aumento del consumo de gas, se comprueba que el nivel de reservas crece exponencialmente. Así pues, los distintos países se están apresurando a tomar posiciones estratégicas. En Europa, el Reino Unido, Holanda y Noruega han declarado reservas de gas, mientras que Alemania acaba de firmar un acuerdo de abastecimiento con Rusia. Bolivia, que no tiene mar, acapara la atención americana para la explotación de sus grandes reservas de gas. El Gobierno francés, según Le Monde , prepara a sus ciudadanos para que consuman menos petróleo reduciendo la velocidad máxima en carretera. En España ya sabemos que los que están informados de lo que viene con esta revolución de la energía tratan de controlar la electricidad y el gas, acaparando el monopolio industrial y financiero desde una región mediterránea. El gas es la energía del futuro.