19 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

COMO se ha reiterado el fin de semana, la actriz Greta Garbo habría cumplido cien años este domingo si hubiese sido uno de los 25.000 japoneses que ya son centenarios (y digo japoneses porque no sé cuántos seres humanos tan longevos hay en el mundo). Pero la sueca Greta Louisa Gustafsson, la Divina , murió para el cine a los 36 años, en la cumbre de su carrera, aunque físicamente se extinguió a los 84 (que tampoco está mal), dejando tras de sí un reguero de leyendas y misterios. Con su retirada prematura sentenció su voluntad de no envejecer para el público. Porque ciertamente de su belleza se había dicho todo, y todo bueno, sin que algunos despistados como yo alcanzásemos nunca a comprender tanta y tan rendida admiración. A decir verdad, más que admiradores, la Garbo tenía (y tiene) fanáticos. El actor Paul Newman lo explicó con tino cuando dijo que no había sentido nunca envidia por nada ni por nadie, sólo por los actores que trabajaron con ella. Diosa del glamur hollywoodiense, la Divina será para siempre el verdadero rostro protagonista de películas como Ninotchka , Margarita Gautier , Ana Karenina, Mata Hari , La reina Cristina o Grand Hotel . Innegable. ¡Y siempre en blanco y negro!