LOS RESULTADOS de las elecciones del domingo en Alemania son un fiel retrato de la indecisión que atenaza a la sociedad germana, atrapada entre el miedo al cambio radical que propugnan los democristianos y el miedo al estancamiento económico producido en el mandato socialdemócrata. ¿Qué han hecho en esta disyuntiva los ciudadanos? Votar lo que han votado: un empate que nada resuelve y que casi todo lo complica, no sólo en Alemania sino en toda la Unión Europea. Porque la UE, sin la locomotora alemana en marcha (y con Francia alicaída), también se sume en el desconcierto. Y es que la imagen que ofrece Alemania es la de un país dividido e indeciso, irresoluto. Lo peor que le podía haber ocurrido en estas elecciones. He criticado muchas veces a Gerhard Schröder por su oportunismo desvergonzado, pero también he alabado su tesón y su capacidad de comunicar con el pueblo y remontar encuestas adversas. El domingo consiguió diez puntos más de los que le atribuían los sondeos, pero no bastaron para maquillar los malos resultados del SPD. Peor ha sido lo de Angela Merkel (CDU-CSU), que partía de una gran victoria demoscópica y ha quedado sólo tres escaños por encima de su rival. Con una complejidad añadida: ambos se creen los más indicados para ser el próximo canciller, lo cual dificulta la posibilidad de una gran coalición entre sus partidos para gobernar. ¿Qué viene ahora? ¿El cambio profundo que ofreció Merkel o la reforma socioeconómica moderada de Schröder? Es la gran incógnita, porque ya nada está claro. Y, para colmo, también existe la opción de ni lo uno ni lo otro, sino una sucesión de énfasis en lo social y de medidas liberalizadoras, según convenga. De momento, asistiremos a la reñida lucha de Schröder para continuar en el cargo. Ofrecerá reformas y contrarreformas y todo lo que sea necesario para conseguirlo, aunque sabe que con él todo será más de lo mismo. Por eso hay algo patético en su empeño. Como lo hay en el de Merkel, que quiere ser canciller sin haber logrado apoyo suficiente para llevar a cabo su programa. Y es que ya sólo queda luchar por el puesto, al margen de todo lo demás.