En medio del huracán

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

20 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SIN ALHARACAS, sin romper platos, sin estridencias visibles, el nuevo Estatuto de Autonomía de Valencia enfila su recta final. Ayer comenzó su debate en el Congreso. El mayor sobresalto que se espera es que las huestes de Carod-Rovira le pongan la mano al cuello a los socialistas para recordarles sus compromisos: mientras estén aliados, no pueden pactar con el Partido Popular. El propio Carod, ese extraño árbitro de las decisiones de ZP, se ha encargado de avisar que el PSOE «se amargará la vida» si desarrolla ese pacto, iniciado en las Cortes Valencianas. Tal amenaza -¿por qué siempre sale la palabra amenaza cuando hablamos de este señor?- es, como digo, la única incógnita del trámite parlamentario de esa ley. Pero será también la prueba de la libertad de actuación del Gobierno socialista respecto de uno de sus socios. Si se confirmara que Zapatero no tiene libertad ni para decidir sobre un Estatuto ajeno a Cataluña, donde Esquerra sí representa algo, habría demostrado su precariedad política. Aunque suene exagerado, quizá habría comenzado a cavar su sepultura política. Dicho eso, miremos hacia el otro lado; hacia la derecha. Es cuando menos llamativo que el mismo PP que asiste alborozado a la ampliación de la autonomía valenciana sea tan adversario de otras reformas. No es sólo que se alce como defensor de la Constitución, cosa que siempre se agradece. Es que encabeza el discurso de la destrucción nacional y el debilitamiento del Estado. Basa su estrategia en situar al Gobierno como un irresponsable que se presta a desmontar el Estado. Y transmite a la sociedad la sensación de que Zapatero, al permitir la reforma de estatutos, abre la puerta a la desintegración de España. Tal discurso, que enardece a una parte de la población y anima el griterío radiofónico, hace preguntar si sólo son legítimas las reformas que el PP encabeza, y las restantes son dignas de toda sospecha simplemente por no llevar su firma. ¿Es que no sirve de nada el ejemplo de cómo Zapatero condujo el rechazo al plan Ibarretxe? Eso está olvidado. ¿Es que no sirve de nada ver cómo los socialistas catalanes están defendiendo la Constitución? No. Eso no interesa verlo. Hago estas consideraciones sin ánimo de criticar ni defender a nadie. Pero sí alarmado ante la evidencia de que ese discurso en que chapotea la derecha y ante el que tan mal se defiende la izquierda está crispando a este país. Lo está llenando de miedo y dudas de futuro. Y está haciendo que se pierda gran parte del sentido común. ¿Dónde se ha visto que sea noticia que un ministro diga que el territorio que gobierna es una nación? Aquí se ha visto. Esa noticia se publica todos los días. Estamos incubando alguna enfermedad.