El bimotor de Galicia

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

21 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

APROVECHANDO esos deliciosos tiempos muertos que el verano propicia, estuve ordenando una parte de mi biblioteca. Abrí un libro, publicado hace casi 40 años, que contenía un trabajo mío sobre el sistema de ciudades de Galicia. Decía así: «La red urbana gallega presenta un policentrismo urbano más funcional que económico, por cuanto su potencial productivo se acumula en las áreas metropolitanas de A Coruña y Vigo, desde donde la red de flujos organiza un doble espacio funcional. Santiago de Compostela desempeña la función de ciudad integradora y de equilibrio». Al mismo tiempo que esto releía, abrí la prensa del día, donde se comentaban los últimos resultados de una de las dos bases de datos empresariales que circulan por Galicia. Aunque la utilizada tiene graves carencias, por no incluir las empresas cuya sede social está fuera de Galicia aunque tengan aquí centros de producción (como Repsol, Unión-Fenosa, Alcoa, etcétera) ni las empresas públicas, ni las entidades financieras, las cifras eran elocuentes: las dos áreas metropolitanas de A Coruña y Vigo concentran el 60% de la actividad económica gallega, con un leve superávit de la metrópoli coruñesa (30,9%)sobre la de Vigo (26,4%), a pesar de las carencias mencionadas. Tras ellas figuraba Santiago de Compostela, con el 5,5% del valor añadido bruto; quedando el 35,5% restante para las otras cuatro ciudades y las comarcas más activas. La estructura sigue siendo la misma desde el punto de vista económico. La novedad es el despegue empresarial coruñés de los últimos años, completando su tradicional perfil de ciudad de servicios, que va quedando reservado para el municipio central, mientras el resto del área metropolitana acoge nuevas actividades industriales o las de siempre relocalizadas. En el caso de Vigo, la evolución ha sido parecida, aunque la especialización industrial es mayor y la especialización territorial menor, pero ambas evolucionan positivamente. En cualquier caso, estos son los dos motores propulsores de una Galicia que en su conjunto intenta despegar desde hace años, impulsando el complejo fuselaje formado por el resto de las ciudades y comarcas, procurando distribuir adecuadamente el peso del equipaje. Y esta realidad ha de ser tenida en cuenta por el nuevo Gobierno, ya que hasta ahora esas áreas metropolitanas no han sido adecuadamente tratadas, especialmente la coruñesa. Es cierto que debemos propugnar un modelo de desarrollo territorial y socialmente equilibrado, potenciando las cabeceras de comarca y las demás ciudades, pero si los dos motores no pueden arrancar por falta de apoyos institucionales, al final el avión no podrá despegar. Por eso es necesario sustituir la política del localismo despilfarrador por una estrategia lógica que combine la equidad con la eficiencia y la calidad de vida. No sólo porque sean las áreas metropolitanas las que más aportan con sus impuestos al presupuesto público, que también en esto hay que aplicar la solidaridad interterritorial, sino porque es donde las inversiones pueden alcanzar mayor competitividad para insertarse en un mercado global.