La Ciudad de la Incultura

OPINIÓN

24 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTOS DÍAS, al regresar de un largo viaje, me encuentro con el debate sobre la Ciudad de la Cultura. Un modelo de marketing arquitectónico inagurado por Sydney en 1962 pero que cada vez, por manido, tiene menor repercusión. Un debate que tendría que haber empezado mucho antes, porque ya se veía venir. Además, en los otros casos (Pittsburg, Vancouver, Newcastle, Bilbao, Valencia, etcétera), primero se determinó la estrategia de promoción y la idea motriz prevista o deseada y después se construyó el edificio. Aquí fuimos al revés, primero un edificio desproporcionado para las posibilidades reales de Galicia, y después discutimos qué hacer con él, cuando ya se llevan enterrados sustanciosos y poco útiles millones, al menos pensando desde las necesidades reales del país. Una actitud propia de sociedades de nuevos ricos con escaso trasfondo cultural. Por eso prefiero llamarle la Ciudad de la Incultura. La tontería del museo de la historia, concebido con una óptica escolar; lo absurdo de un centro de nuevas tecnologías, cuando en la ciudad coruñesa el Estado va a ubicar el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología; o la idea de una biblioteca, cuando la Universidad de Santiago tiene una excepcional red, muy necesitada de inversiones, por cierto, y la tecnología avanza en sistemas virtuales de consulta, lectura e intercambio; o ese superfluo gran teatro, cuando con los que tenemos es más que suficiente¿ No sé, discutamos lo que sea, pero no dejemos de pensar que lo más importante sea tal vez decidir las dimensiones de la obra. Si ya el coste actual es excesivo, pensemos en la hipoteca que para el futuro de los presupuestos gallegos va a suponer su mantenimiento. Me asombra pensar en este debate. Hacer un edificio como ese y no saber qué hacer con él es algo propio de una colectividad poco seria. De lo que no cabe duda es de que estamos cavando una tumba para los dineros que Galicia necesita para mejorar la calidad de vida y la competitividad de la región, ahora ya pero en el futuro más. Además, si aceptamos ese nuevo principio tan socialista de repartir los presupuestos según lo que cada territorio produzca, para que se cumpla aquello que decía Marx de los ricos (Cataluña, por ejemplo) cada vez más ricos, y los pobres (por ejemplo, Galicia) cada vez más pobres, deberíamos repartir esa Ciudad de la Incultura entre Vigo y A Coruña. A lo mejor a eso obedece la peregrina idea de trasladar la Consellería de Pesca. ¿Con qué autoridad vamos a ir a implorar dinero para las infraestructuras que nos niegan otra vez, si lo que tenemos lo despilfarramos? Miren ustedes al grave fracaso en la posibilidad de recuperar nuestra empresa energética, al trato presupuestario que se percibe, o a la influencia política que en las grandes decisiones, que no tenemos. ¿Por qué no imitamos ahora a Cataluña? ¿o es que tal vez no tenemos ni fuerza ni presencia en Madrid? La tristeza de volver a la Galicia plañidera nos puede dar una pista para el uso de la Ciudad de la Incultura: la tumba de Galicia. Y no cabe duda de que nuestro país se merece un gran mausoleo. Pero a mí no me gustaría estar entre los enterradores.