MIS COLEGAS y yo hemos tenido la suerte -ellos mucho más suerte que yo- de tener yo alergia mortal a todo cargo de gestión y dirección en asuntos de la Alma Mater / Vita Pater. No hemos tenido tanta suerte en haber padecido yo una cierta verborrea juvenil opinatoria en claustros, juntas y todo cuanto resumió bien el bíblico Eclesiastés con «comité de comités y todo comité». Si pudiera yo andar a la recherche du temps perdu , con ese tiempo de juntas y claustros me haría unas cuantas pescatas y me sobraría tiempo para un par de trabajos de investigación. Ahora, ya empezando mi último sexenio de vida académica, me peta una cana al aire opinatoria, aunque sólo sea para hacer bulto o contrapeso. En la televisión pública -dinero, servicio e interés públicos- la boda de Farruquito y sus desfeitas penales previas han tenido más tiempo y relevancia que todas las universidades del país juntas, con sus miles de profesores y cientos de miles de alumnos y millones de problemas y carencias. Dicen que formar un titulado superior cuesta un huevo de la cara. ¿Tiene sentido que sea titulado superior el informante y opinante de todas las farruquitadas y de toda la metralla de bragas, cuernos y otras amenidades y alfalfas del share ? Me atengo a la televisión pública. La privada que haga cuanto le pete para quien quiera verlo. De enseñanza y educación se habla poco y sólo cuando hay noticia de que los cerebros huyen, al profesor lo queman , al infeliz indefenso lo acosan unos vándalos que han sido educados para vándalos, etcétera. Enseñanza y educación son noticia , pero no son tema de actualidad ineludible y urgente. Lo preocupante es que sigue siendo de todos los días lo que ya lo era en mis tiempos , hace cuarenta años, con la triste chirigota de que las dos mejores salidas para ciertas carreras de Ciencias eran Hendaya y La Junquera. Y esto de que los cerebros jóvenes huyen no es más que la vigésima parte de un iceberg que no asoma sus peores aspectos, empezando por las raíces mismas de la formación para que pueda haber información y rematando por la mentalidad social y política en que es natural que se cueza el desaguisado educativo que tenemos. Estaba petándome dejar escrito y, si no me contengo, lo dejo, que una buena parte del terremoto que la Educación necesita es de mentalidad social, pero no de rascarse la neurona, sino el bolsillo. Por ejemplo, para intentarle un parche al fracaso escolar en las licenciaturas universitarias voy a permitirme dos recetas: una tan simple y de Perogrullo como que se traiga de bachillerato una formación que no haga de los libros y los apuntes universitarios un galimatías inaccesible o poco menos. La segunda receta es tan simple, pero tan políticamente incorrecta, que da repelús / gustirrinín exponerla: en cuanto papá tenga que rascarse a tope el bosillo para la matrícula del pollo, el interés de papá en los horarios del pollo subirá exponencialmente. Si no se dice así, que los matemáticos me perdonen.