EN UN anterior artículo, el fuego que asolaba nuestros bosques alumbró los oráculos, no sé si con la clarividencia debida, para vaticinar el futuro de Galicia a partir de algunas señales percibidas. Otra vez el oráculo realizado a partir de las fuerzas de la naturaleza y de la interpretación de los signos, asociados a los acontecimientos externos, me llevan a escribir sobre los augures que de esa lectura se derivan, tal como los etruscos hacían examinando las vísceras de sus víctimas. En esta ocasión el pretexto fue el eclipse de Sol, un fenómeno cósmico que ya los antiguos interpretaban como una señal en la que los oráculos griegos vaticinaban el porvenir. Basta con anotar algunas de las cosas que ese día ocurrieron en Galicia para, a partir de su examen, construir el oráculo. Por un lado, una visita del presidente de Gobierno llena de vacío, tanto en lo que a las ideas concierne como en lo que a las inversiones atañe. Por otro lado, la huelga de los pescadores de altura, debida a su pérdida de competitividad por la falta de una política adecuada. De otra parte la resaca de Unión Fenosa, una oportunidad perdida que los augures achacan a la inadecuada elección del intermediario por parte del Gobierno regional. A lo anterior se añade el sentimiento de frustración por las inversiones públicas previstas, que tantos años van a retrasar nuestra conexión ferroviaria a las redes europeas. Y, finalmente, la constatación de las consecuencias negativas para Galicia que el modelo de Estado asimétrico inagurado por la propuesta catalana va a tener sobre nosotros. Parece evidente que el examen de las vísceras de la víctima, en este caso Galicia, no permite al oráculo del eclipse vaticinar augures positivos, por más que los anuncios de las nuevas iniciativas medioambientales puedan aportar indicios mejores. Más bien se inclinan por vaticinar que el fenómeno cósmico observado augura una etapa en la que Galicia se va eclipsando poco a poco. Tal vez esto tenga algo que ver con que la primera tierra europea desde donde se observó el eclipse haya sido la gallega. Al menos eso se puede leer de la señal del cielo. Evidentemente hay otras señales positivas en el cielo, pero el día del eclipse esas fueron las que el oráculo leyó. Y si la observación del fuego auguraba una falta de consistencia en la coordinación de un gobierno dual, la observación del eclipse parece vaticinar una debilidad política que necesita ser enmendada. De todas maneras, el tiempo dirá si los vaticinios son acertados, aunque hay otra manera de obtener el acierto: como el mismo Julio César instauró en la práctica, los augures terminaron diciendo lo que el conductor del imperio quería... Claro que éste no es el caso, por ahora.