Acotar la confusión

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SERÍA de agradecer que nuestros políticos no arrojasen más confusión sobre el ya de por sí confuso proyecto estatutario catalán. No es normal que un día se diga una cosa, y otro, la contraria. Y en este punto hay que admitir que la palma se la lleva Josep Lluís Carod-Rovira, el dicharachero líder de ERC. Es él quien dijo hace poco que en Madrid no se podría tocar «ni una coma» de la actual redacción. Este miércoles ha reconocido «el derecho a que las Cortes españolas tomen posición» y se llegue a un «pacto» dentro de los márgenes constitucionales. Asimismo, después de reiterar que el nuevo Estatuto es un paso hacia la independencia, ha aclarado que no es eso lo que se plantea: «No es lo que ha aprobado el Parlamento catalán». ¡Y, sin embargo, se le entiende! Porque Carod, a pesar de sus mensajes aparentemente contradictorios, es inteligible. Pero lo que dice alimenta o provoca respuestas flamígeras, desde distintas sensibilidades. Es decir, desde el PP, desde algunos dirigentes del PSOE, desde líderes de otras comunidades autónomas y, a veces, también desde su propio partido. Ernest Benach, presidente del Parlamento catalán, dijo el miércoles, tras entregar en el Registro del Congreso la propuesta de reforma, que «este Estatuto no quiere romper nada ni es ninguna declaración de independencia: es la puerta del diálogo. Queremos negociar, queremos pactar». Un mensaje preventivo. Y es que, si se quiere afrontar como se debe la reforma estatutaria catalana, es necesario crear un clima que concite una clara voluntad negociadora que permita una rebaja incuestionable. Porque ya no cabe la menor duda de que la actual redacción del Estatuto habrá de ser reformada a fondo. En este sentido, hay que prepararse para una larga y tediosa sucesión de tiras y aflojas, probablemente sazonada con espantadas, amenazas de ruptura y algún que otro exabrupto. Las cosas deberían haber sido de otro modo, pero, llegados a este punto, se trata de no empeorarlas y acotar la confusión. Y tal vez Zapatero y Rajoy no discrepen ya más que formalmente en que hay que encauzar el proceso en la vía parlamentaria. Aunque hoy sus posiciones parezcan tan distantes, tan irreconciliables. Tiempo al tiempo.