LA DISTRIBUCIÓN es como la luz; no se valora su importancia hasta que falta. La huelga del transporte demostró la semana pasada en Galicia que la unión de los autónomos del volante los convierte en un grupo tan poderoso como el de los controladores aéreos. Las carreteras son las venas, y los camiones, los glóbulos rojos. Sin ellos, el sistema se colapsa. Como desde el lunes la huelga amenaza a la capital del Reino y sale en TVE, el Gobierno se ha puesto por fin a negociar. Mientras sólo afectaba al noroeste, los supermercados y las empresas de aquí padecieron embolias en su sistema de distribución sin que mereciese la atención del Estado. El problema no iba con el Gobierno, ni siquiera la patética violencia gratuita con la que se han desacreditado tantos piquetes.