TODA LA VIDA diciéndote eso de qué importante es llamarse Ernesto; qué bien que te pusieron Ernesto o diciéndote, sin más, «la importancia de llamarse Ernesto», cuando no saben qué decirte, y han tenido que pasar años y años y esperar a que llegase el president Pasqual para que fuese él quien ratificase tu teoría de que lo importante no es llamarse Ernesto. Lo importante es apellidarse Maragall. Porque si Ernesto Maragall se llamase, por ejemplo, Ernesto Martínez de Irujo, pues sería un adinerado noble andaluz, pero no conseller de la Generalitat. Y si se llamase, por poner otro ejemplo, Ernesto Sánchez, pues no sería ni noble, ni adinerado, ni conseller de la Generalitat. Pero como lo importante no es llamarse Ernesto, sino apellidarse Maragall, pues ahí tenemos al hermano del president , al bueno de Ernesto, colocado para ser uno de sus consellers . Y al pobre de Oscar Wilde con su teoría por los suelos. Aquí en Galicia somos poco familiares y por eso llevamos muy mal lo de los hermanos y los hijos de los primos. Tanto que no vean lo que tuvieron que aguantar Cacharro, Baltar y los otros de la banda cuando se les ocurrió buscarles un trabajito a miembros de su clan. Pero en Cataluña, no. En Cataluña debe de ser muy normalito. Colocas a tu hermano, como hizo Carod-Rovira, después a su señora, que es tu cuñada, más tarde al primo que vive en el Ampurdán y acabas haciendo un gobierno de tu total confianza, que es de lo que se trata. Hacer un Ejecutivo compacto, en el que todos se entiendan sólo con mirarse. John Kennedy decía que uno se acostumbra a tomar ciertas decisiones y luego no hay forma de pararlo. Aseguraba el presidente que «es como darse a la bebida. Una vez que se ha empezado no hay manera de contenerse». Debe de ser lo que le pasa a Maragall. No lo de la bebida. Lo de contenerse.