AUNQUE aquí no hemos llegado aún a la situación de revuelta de los alrededores de París con jóvenes provocadores quemando coches y enfrentándose a las fuerzas de seguridad, en la España de la alianza de las civilizaciones, el multiculturalismo multiétnico y multi-todo-vale, la demagogia de ZP está cosechando otros peculiares efectos. Así, al norte de Granada, en la Andalucía siempre gobernada por el PSOE y reclamada ahora por Bin Laden, la misma de los Farruquitos impunes que hacen ostentación de poderío acobardando a quien se deja, un grupo de asaltadores de casas han invadido varios bloques de viviendas, expulsando incluso a algunos de sus habitantes. Los multiculturalistas de patada en la puerta alegaban para perpetrar su hazaña que el Gobierno de ZP les da la razón: no por el respeto a las costumbres tradicionales de su pueblo calé, o por la aplicación de una práctica como la de los okupas que nació en Cataluña, sino por la nueva ley que está preparando su ministra de la Vivienda, homónima de una de las ciudades más bonitas de Extremadura. Se dice ahora que tras el multiculturalismo se esconde una banda bien organizada que hace su propia contribución a la modificación de los planes de urbanismo según intereses ocultos. Pero menos mal que la Justicia y las fuerzas de orden público han actuado al final con eficacia y contundencia, pues ya nos temíamos algún apaño política y mediáticamente correcto que menoscabando el derecho de propiedad viniera a completar la amenaza de subidas de tipos de interés para estropear el sector estrella de la economía española en los últimos tiempos. De modo que el juez que ha decidido el desalojo de los okupas ha prestado un buen servicio a la sociedad española, pues es mala cosa que las instituciones no se hagan respetar. El romancero lorquiano se completa felizmente con los pobres parias de la tierra marchándose en sus coches. ¿Seguirá?