DEMANDA reiterada de los nacionalistas catalanes al presidente del Gobierno de España para que no se deje impresionar por los que se oponen a las reformas del modelo de Estado. Fortaleza de ánimo para superar el tradicional complejo de culpabilidad del Estado frente a las demandas históricas del nacionalismo basadas en discursos, como el de Carod-Rovira, en el que se recuerda la abolición de fueros y libertades por la fuerza o el contenido del artículo 8 de las Constitución que señala al Ejército como garante de la unidad de España. De una vez por todas, para decidir con todas sus consecuencias si el Estado es asimétrico, si la Constitución allí dónde dice nacionalidades en sentido cultural, quiso decir naciones , con lo cual, hay que determinar cuáles son las regiones de la nación española y cuáles son las naciones que pactan con España la formulación del Estado. Para explicar de manera convincente, más allá de los discursos televisados, qué significa a la hora de «ser para decidir» lo de identidad nacional, y a quiénes se les va a negar la derivada competencial y financiera de tal distinción. Y digo lo de «ser para decidir» por ser el discurso reivindicativo de los vascos, razón por la que Ibarretxe preguntó de inmediato: «¿Por qué a Cataluña sí y a Euskadi no, la toma en consideración de la propuesta del Parlamento Vasco?». Si bien mi amigo de Llodio sabe que la propuesta catalana es fruto de la mistura entre partidos nacionalistas y no nacionalistas, y por tanto fragmenta menos a la sociedad que el plan con su nombre; además de la sombra etarra que constituye la vanguardia de cualquier cambio en Euskadi, razón que obliga a ser muy prudente a la hora de negociar o aceptar sus propuestas. Para negociar, no sólo cuánto si no cómo, en materia de financiación, ya que un Estado gobernado por socialistas es fuerte y organiza la solidaridad diseñando fiscalidad común y redistribuyendo los recursos para paliar desigualdades y desequilibrios. Para mantener el necesario equilibrio entre la igualdad ante la justicia de quienes como Otegi han vulnerado la ley y la prudencia del momento para no provocar la ruptura del proceso para la paz en Euskadi, teniendo en cuenta el papel que desempeña el dirigente batasuno, que podría ir a la cárcel si la próxima sentencia lo condena. Y suerte para que el Senado comprenda cómo hacer reformas sin alterar el orden constitucional.