Maniobras de seducción

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

16 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

¿SERÁ por oferta de pactos? Esto es una feria. Rajoy le escribe una carta casi de amor a Zapatero para invitarle a algo parecido a un alto el fuego: abrir una «pausa de reflexión» para crear un nuevo modelo educativo. Es tan bien intencionada, que don Mariano le llama a ZP «estimado presidente», lo cual es todo un gesto de galanura, después de haberle llamado tantas veces «irresponsable» y otros afectuosos apelativos. A su vez, hoy el presidente recibirá a las organizaciones que se han manifestado contra la LOE. Van de mala gana, con poca fe, escasa esperanza y ninguna caridad, según veremos en las declaraciones posteriores; pero acuden, lo cual le permite a ZP decir que él sí escucha el clamor de la calle, no como otros. Cuestión distinta es que tal gesto de escuchar se convierta en concesión alguna, que no están los ánimos para andar prodigando generosidad con quienes te combaten. El tercer escenario es el Congreso, donde el infatigable Pérez Rubalcaba pasa del Estatuto de Cataluña a la Ley de Educación con facilidad de ubicuo, y trata de seducir a Convergencia i Unió para que respalde la LOE, y a lo mejor lo consigue con algunas concesiones. Duran i Lleida, encantado, porque eso le permite recuperar foco y convertirse en interlocutor valorado del Gobierno central, algo que parecía perdido desde que las huestes de Zapatero andan en complejos amoríos con los de Esquerra Republicana. Aquí se trata de aparentar que se manda en Madrid. A Pujol le dio mucho juego. Así se está moviendo el tablero político. Se le podría poner un estribillo que diga: «Que salte, que salte, que salte el que no pacte». Pero la verdad es bien distinta. Tiene, por lo menos, un reverso. Los que hoy acuden al besamanos de la Moncloa se encontrarán con que el presidente les pedirá que concreten sus peticiones, y ellos lo ponen imposible al decir que hay que retirar la ley y cesar a la señora ministra de Educación. El Rajoy que aprecia al presidente le pone a García Escudero en el Senado para que ponga al Gobierno a caer de un burro por incompetente, laicista y contrario a esta beatífica sociedad. Y en cuanto al señor Durán i Lleida, la busca de su apoyo no es nada inocente. Rubalcaba aspira a un trofeo grandioso: el de un demócrata cristiano, que se confiesa católico practicante y que tiene hilo directo con altísimas sotanas del Vaticano. Su consenso valdría tanto como todos los obispos en traje de manifestantes. Si se añade que su voto serviría, además, para volver a dejar al PP en soledades, desde el punto de vista de los socialistas bien merece la pena que le hagan alguna concesión. Así está el patio. Hablar, se habla. Pero detrás de cada palabra yo sólo consigo ver un puñal.