11 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

¿CABE imaginar que el presidente Bush haya leído el discurso del dramaturgo británico Harold Pinter con motivo de recibir el Premio Nobel de Literatura? ¿Cabe imaginar que lo hayan leído Donald Rumsfeld, Condoleeza Rice o el propio Tony Blair? Me cuesta creerlo. Porque fue radical y contundente, sin duda. «La invasión de Irak -dijo- fue un acto de bandidos, un acto de terrorismo abierto, que demostró el desprecio absoluto por el principio del Derecho Internacional». Y añadió que a Bush y a Blair les da igual la muerte de cien mil iraquíes por su acción militar. Algo acorde con el hecho de que «América -dijo- ha ejercido una total manipulación clínica del poder en el mundo mientras se hace pasar por una fuerza del bien universal». ¿Lo habrán leído? No se trata de darle la razón a Pinter por ser Pinter, pero resulta sospechoso el escaso eco que el discurso ha tenido en los medios informativos anglosajones de ambos lados del Atlántico. Para intentar contradecir su mensaje, al menos habría que escucharlo. Y me temo que esto sólo lo han hecho los que ya pensaban como él. Es lo malo de nuestra sociedad: demasiados compartimentos estancos, demasiadas parcelas incomunicadas... y demasiado caras.