Schröder

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

DURANTE su última campaña electoral, que acabó dejándolo fuera de la cancillería alemana, se le acusó de teñirse las canas. Fue un error de percepción, olfato, perspicacia, perspectiva, de apreciación de los detalles, o de intensidad de la mirada con la que se le escrutaba. Un error morrocotudo y cabal, en cualquier caso, porque lo que se teñía no eran las canas, sino las ganas de trincar la pasta. Y digo trincar la pasta porque esa es la traducción más literal del reproche que se le dirige en Alemania por aceptar el trabajo que le ha ofrecido Putin. Menudo par de randas. El antiguo jefe del KGB en Alemania, hoy presidente de Rusia, hizo siempre buenas migas con Schröder, al que no en vano se le llamaba Genosse der Bosse, es decir, «camarada de los jefazos». Bueno, pues el jefazo de los rusos ha puesto en las manos de este hombre el cargo de presidente del consejo de vigilancia del consorcio ruso-alemán Gazprom, cosa que dicha por las buenas y sin andarse por las ramas, viene a ser todo un braguetazo. La Gazprom es una empresa con un 51% de capital ruso y un 49% alemán, que está construyendo un gasoducto a través del mar Báltico cuyo importe se calcula en los 5.000 millones de marcos. Está registrada en el cantón suizo de Zug, excelente para la evasión de impuestos, El sueldo del encartado oscila entre el millón de euros que le calcula el dominical Bild am Sonntag y el millón y medio que le atribuye el diario Leipziger Volkszeitung . No es mala recompensa a los servicios prestados, si lo fueron, ni parece poco estímulo para las muchas confidencias que puede susurrar quien hasta anteayer fue canciller de Alemania, a los oídos de alguien tan diestro en escuchar susurros como el líder ruso. Son este tipo de peripecias las que le dejan a uno emocionalmente saturado y psicológicamente dispuesto al bienestar hogareño. Schröder ha salido al paso de la escandalera justificando su empleo con su decisión de «no caer pesado a su mujer en casa». Eso es encanto conyugal y ternura a la hora de comprender las cargas que sobrellevan las amas de casa. Yo no sé si la señora Schröder es escuálida o fornida, pero no me cuesta nada imaginar el gimnasio que se puede pagar con semejantes ingresos para nutrir la musculatura idónea con la que recibir el peso de semejante pájaro.