DOS EQUIPOS de diputados del Parlamento gallego disputaron ayer un partido navideño de fútbol sala. El match enfrentó a la selección del PP contra un combinado del bipartito PSOE-BNG. A falta de detalles, se puede emular a aquellos clarividentes cronistas deportivos de antaño, que escribían los partidos antes ya de que se celebrasen: Por imposición de la Vicepresidencia de Igualdade, la izquierda forma con un equipo paritario, mitad homes, mitad mulleres: Dolores Villarino ocupa la portería; en la defensa, Bieito Lobeira e Ismael Rego; de medio volante, Touriño, y en punta, Quintana. En el banquillo, Ánxela Bugallo y Teresa Táboas. La derecha opta por un equipo muy defensivo: López Veiga en la puerta, un cerrojo con tres defensas (Feijoo, Jaime Pita y Palmou) y como único punta, jugando muy por libre, Pepe Cuíña. Los primeros compases discurren con normalidad. Pero de repente, Jaime Pita le arrea un guadañazo por detrás a Lobeira, que venía metiéndole el dedo en el ojo en todos los córneres. Se forma una enorme tangana. Superpiñeiro, elegido como árbitro, y un poco rencorosillo con el bipartito por cesarlo, pita penalti de inmediato. La pena máxima provoca una crisis en el equipo PSOE-BNG: Touriño se dispone a lanzar, pero Quintana se apropia del balón para ejecutar él la pena máxima. Finalmente, Touriño impone su autoridad: «No miño equipo os penaltis tírolos yo ». Tira y marca. López Veiga, guardameta de los conservadores, se mosquea: «Creo que no noso equipo hai xente comprada, que está a enriquecerse impropiamente». Los jugadores de extracción boina se revuelven contra su portero y se produce un conato de pelea con los futbolistas del sector birrete. Don Manuel, que ejerce aún de mánager general, se ve obligado a dar una voz desde la banda: «Señores, deténganse o, de lo contrario, ¡vuelvo!». Ante tan tremenda amenaza, la concordia retorna de inmediato. Se reanuda el juego. Quintana, que lleva un pequeño audífono en el oído, recibe un consejo desde la grada de su mentor personal, Losada: «Quin, tes que ter máis a pelota». A partir de ahí, el ariete de Allariz se emborracha de balón. Ismael Rego, un jugador más lento, se mosquea: «¡Chupón!». Lobeira se echa al cuello de su propio compañero de equipo y ve la roja. Aprovechando el desconcierto general, Cuíña se queda con el balón y amenaza con fundar un nuevo equipo, pero sólo Superpiñeiro se alía con él. Dolores Villarino llama a la policía «para que veña a poñer orde». Feijoo, harto, se quita la camiseta y se descubre el escapulario de la buena suerte que le ha dado Romay antes del partido. Ánxela Bugallo convoca «unha rolda de prensa urxente» para «analizar a crise do fútbol sala na Galiza». Don Manuel sestea plácidamente en el banquillo.