Todo sigue igual

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

03 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

A PESAR de la ley del tabaco, de que el hecho de que Solbes no presente una segunda fórmula de financiación para el Estatut no ha motivado que Carod Rovira se echara al monte, de que la señora Caffarel se cree Alicia en el país de las maravillas aunque cuando preguntan en Sofres por ella no saben/no contestan, no obstante el contratiempo de que la desconocida ministra de Educación no ha colado la enseñanza de la alianza de civilizaciones en el currículo de la LOE, a pesar de que tanta encuesta seguida de vascos que tocan la paz con las manos mosquea más que el futuro del cupón de la ONCE... A pesar de esto y hoy mucho más, no ha cambiado nada con el nuevo año. Desde las altas instancias políticas a los ciudadanos en general nos siguen considerando tontos a la medida, como los trajes de antes. Tengo que consultar la obra completa de J. L. R. Zapatero, para saber si nos ven más disminuidos o más discapacitados. Porque va y te aparece en la pantalla de la devaluada Primera de TVE un secretario de Estado de Comunicación, que afirma que para el Estado no habrá ni amigos ni favores a la hora de decidir sobre la (más que polémica, digo yo) opa de Gas Natural. Que todo va a ser limpio, transparente y al servicio de la ciudadanía. ¿Podría anunciar un cargo público que iban a tomar una decisión contra los intereses de la ciudadanía? ¡Vaya papelón para el tal alto cargo, tan severo y hosco él, que hace añorar a los innumerables periodistas de la cuerda del Gobierno que podrían hacer ese papel con una pizca más de credibilidad, o con una pizca menos de aburrimiento para la clientela! Y es que, ¿cómo viniendo a decir algo tan obvio como que la justicia es justa, el Gobierno gobierna para todos y el King Kong de la película era un gigantón, cómo en esas condiciones no vamos a sospechar que algo tiene que haber detrás? Si no, es tan simple que el no citado secretario de Estado y los que disponen que diga que el sol sale cada día, tendrían que devolver los sueldos, quizá con réditos.