«EN ESTOS TIEMPOS de impostura universal -afirmaba George Orwell-, decir la verdad es un acto revolucionario». A pesar de la actual proliferación mediática, cada vez resulta más complicado acceder a una información verdadera. Los periodistas, cuya especificidad profesional consiste en garantizar, mediante protocolos de verificación muy precisos, la fiabilidad de la noticia, se olvidan a veces de ello y contribuyen al actual descalabro de la información. En Francia, un nuevo caso de manipulación mediática ha venido a confirmar la crisis de credibilidad del periodismo. Lo ha cometido Libération. Un diario fundado después de mayo del 68 por el filósofo Jean-Paul Sartre, que tuvo antaño, en el seno de la izquierda, cierto prestigio. Comprado por el financiero Edouard de Rothschild, se sitúa ahora en favor del neoliberalismo, atraviesa una grave crisis, ha visto su difusión desfondarse y va a despedir a más de 20 periodistas. Con el fin de captar a cualquier precio nuevos lectores, se ha lanzado en una política editorial sensacionalista. La víctima en este caso ha sido, de nuevo, el presidente Hugo Chávez, a quien este diario persigue con saña desde hace años. El 9 de enero pasado publicó, a toda plana y con una inmensa foto en color, esta escalofriante noticia: «El credo antisemita de Hugo Chávez». Éste ha sido víctima, desde que ganó las elecciones en 1998, de una inaudita persecución mediática, no sólo en su propio país sino -sin duda por influencia de sus adversarios- también en el extranjero. En Francia, Libération es el diario que más se ha distinguido por sus campañas contra Chávez y contra sus reformas sociales. Como es sabido, las acusaciones mas frecuentes contra Hugo Chávez son: «caudillo populista», «dictador autoritario» e incluso «tirano bolivariano». Desprovistas de fundamento, pues todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos confirman que en Venezuela no hay detenidos políticos, ningún medio de información ha sido censurado y ningún periodista se halla encarcelado. Hasta ahora, ningún adversario había pensado en acusar al presidente Chávez de antisemita. Por la sencilla razón de que no hay base para ello. Libération se apoyaba en una denuncia hecha por el Centro Simón Wiesenthal de Buenos Aires -conocido por haber lanzado ya otros ataques contra Chávez-, el cual creía haber hallado motivo de protesta en una frase de un discurso del presidente venezolano del 24 de diciembre. Pero se ha podido demostrar (consúltese, en francés, el sitio del observatorio de los medios Acrimed www.acrimed.org/article2241.html) la mala fe de Libération. Publicó extractos truncados del discurso de Chávez, modificó y cambió el texto original, mezcló supuestas informaciones que no tenían nada que ver para tratar de dar consistencia a la calumnia y ocultó noticias fundamentales (el desmentido de la comunidad judía de Venezuela y de organizaciones judías de Estados Unidos). Esta grosera manipulación tiene un objetivo: sumarse a la campaña internacional de demonización de Hugo Chávez. Que, como se sabe, es siempre la etapa indispensable para desacreditar, deshonrar y descalificar a un mandatario que se desea más tarde tumbar mediante un golpe de Estado u otro tipo de intervención violenta. Esta vez, por fortuna, la maniobra no ha podido prosperar. ¿Y la próxima?