Vamos ganando: hay que negociar

| VENTURA PÉREZ MARIÑO |

OPINIÓN

24 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ENTRE las muchas herencias que nos dejó el franquismo sobresale, sin duda, ETA. A los terroristas, sin quererlo, Franco los condecoró con los atributos de héroes, víctimas, luchadores del pueblo y, lo que si cabe es peor, nos enzarzó a los antifranquistas, ingenua y en cualquier caso irresponsablemente, en un apoyo o al menos comprensión de la banda, por la razón de que socavaba la dictadura. Con estos antecedentes y con la realidad llegada hasta aquí, lo primero que podemos afirmar es que terminar con ETA no es una empresa fácil, en la que no ha sido suficiente sólo el palo. Por ello, echando mano a la zanahoria, la respuesta que se debe dar al semiconsumado congreso del entramado de la banda es bien compleja. Hay que partir del hecho de que, sin perjuicio de las imprescindibles y exitosas medidas policiales, no hay grupo político que al gobernar no haya mantenido contactos, más o menos discretos, con los aledaños o más de la organización terrorista. En mi opinión, en la respuesta política a Batasuna se debe de tener en cuenta lo siguiente: 1.º Vamos ganando en la medida en que la actividad terrorista y los atentados con víctimas mortales han desaparecido de la vida pública desde hace tiempo. Pero sabiendo que es así no sólo por los éxitos policiales, sino también por la voluntad de la banda, que cada poco nos recuerda que tiene explosivos y capacidad para utilizarlos en zonas sensibles. Seamos, pues, conscientes de que el que no haya atentados con víctimas no es necesariamente definitivo. 2.º La parte de la sociedad vasca que participa, apoya o comprende al terrorismo, es decir, el entramado social de la banda, no desea una derrota contundente, sin más, de la organización terrorista; necesita o aspira a alguna contrapartida por la rendición, por más que ésta sea simbólica. No debiendo olvidarnos tampoco, pues nos conviene, que para torcer a ETA hay que convencer previamente a su base social. 3.º A los militantes de ETA, incluyendo si se quiere a los militantes más comprometidos de Batasuna, hay que darles alguna salida que les sirva de justificación para entregar las armas y renunciar al terrorismo. Con esas tres premisas y con el objetivo fundamental de terminar con ETA, que es el mayor homenaje que se puede rendir a las víctimas, sería falto de acierto no propiciar una salida, si no negociada, al menos tolerada, concretándose en la falta de respuesta contundente de orden policial a los comportamientos paralegales de Batasuna, inscritos, según anuncian, en vías de salida a la violencia. No se trata de debilidad sino, al contrario, de propiciar o posibilitar el final del terrorismo desde la posición de fuerza en que se encuentra la sociedad democrática. De impedir que el principio «hágase justicia y que perezca el mundo» nos conduzca a una situación sin salida. Parece más oportuno aquello de «a enemigo que huye, puente de plata».