Crimen sin castigo

| VENTURA PÉREZ MARIÑO |

OPINIÓN

30 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE unos días se conoció el hallazgo en Palma de Mallorca de los restos enterrados de una mujer que había desaparecido hace treinta años y el descubrimiento del que presumiblemente fue el autor de su muerte, el asesino. La noticia añadía que el culpable había sido puesto en libertad al haber prescrito la pena prevista para el asesinato. La noticia es cierta. El delito de asesinato, en nuestra legislación, prescribe por el transcurso de veinte años desde la comisión del hecho, y como en este caso ya habían transcurrido, al presunto asesino no se le puede juzgar. La prescripción opera en todos los órdenes de la vida y la aceptamos todos de forma corriente. Así, si un día queremos reprender a un hijo porque ha cometido una fechoría, sabemos que la reprensión tiene que estar cercana a la faena, pues en otro caso pierde todo su sentido. Es claro que hay que hacerla encima del hecho y a nadie se le ocurriría reñir al hijo unos meses después, sobre todo si se trata de un asunto leve. Los efectos de la infracción cometida y la memoria social de ella transcurrido un lapso de tiempo habrían desaparecido. El tiempo todo lo olvida y todo lo cura, dice el proverbio. Lo mismo ocurre en el mundo del derecho. Entenderíamos mal que la Hacienda Pública nos reclame por un impuesto cuyo pago debía haberse hecho hace ocho años. Y por eso el legislador estableció que a partir del cuarto año no se puede reclamar ningún impuesto impagado. Está prescrito. En el derecho penal ocurre de la misma forma; los delitos prescriben cuando se cumplen unos plazos que van aumentando hasta un máximo de veinte años para los hechos más graves, entre los que está el asesinato. Con una excepción, aquellos hechos que por su gravedad se entiende que no se pueden olvidar y que han de castigarse transcurra el tiempo que transcurra. Es el caso del genocidio. Así las cosas, es, sin embargo, un buen momento para replantearnos si la solución legal al caso que nos ocupa parece adecuada. ¿Son suficientes veinte años para olvidar socialmente el asesinato de la mujer de Palma de Mallorca? ¿Se han borrado los efectos del crimen? La respuesta de los familiares de la mujer asesinada, de al menos buena parte de la sociedad, y la mía, es que no. No resulta lógico que la habilidad del asesino para esconder el cuerpo de su víctima y esconderse él mismo de la Justicia, durante treinta años en este caso, conlleve el premio de la impunidad. Nada peor que legislar a golpe de coyuntura, pero la suma de coyunturas ha de hacer reflexionar al legislador si a un asesino le bastan veinte años de olvido para no responder de su crimen.