UNA de las consecuencias de la gripe aviar es que el consumo, se diga lo que se diga, ha descendido. También entre los confiados gallegos, que toda la vida hemos tenido más o menos gallinas a nuestro alrededor. Las granjas siguen manteniendo el ritmo, pero, sorpresa, los pollos viven más. Si el animal iba a ser sacrificado el día x después de su nacimiento se encuentra con que, llegada la hora, salva el pellejo gracias a la crisis. Y lo hace porque el industrial ya tiene el congelador lleno y no puede dar salida a más material. Así que el pollo queda indultado, siquiera por unos días. En esa madurez polleril también se aprecia la crisis que nadie quiere verbalizar porque se tiene más miedo que un pollo el día del sacrificio. Pero ya se ve que nada es inmutable. Ni siquiera nuestra última hora.