La nueva versión del boicot

OPINIÓN

24 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

CUANDO comenzó esta semana, Zapatero debió pensar que se le hundía el mundo. El «principio del fin» era desmentido por la banda terrorista. Su acuerdo con Artur Mas era contestado en las calles de Barcelona. Y las encuestas, subiendo para el PP. Menos mal que la canción gallega recomienda: «casa, miña filla, casa, que unha perna tapa a outra», y la pierna tapadora de tantos disgustos ha sido E.On. Traía nuevos quebraderos de cabeza, pero desviaba el debate público de asuntos que conmueven y agitan a la opinión. ¡Vaya si lo ha desviado! Con esa nueva opa, el nacionalismo español cambió de escenario: si hasta ahora parecía patrimonio de la derecha, ahora es la izquierda la que coge su bandera. Hemos asistido a comparaciones estridentes, como la de situar a Zapatero en la esfera ideológica de Evo Morales. Hemos escuchado un festival de palabras, que desembocó en un presidente que enfrenta a mercado y ciudadanos. Estamos oyendo una discusión antigua entre intervencionistas y liberales. Hay incluso aires de chantaje, que insinúan que Alemania se podría vengar con sus otras inversiones en España. Todos parecemos alumnos de un máster sobre capitales multinacionales, hecho a base de recortes de periódicos y tertulias radiofónicas. Y, como estamos en carnaval, hemos visto a Carod-Rovira disfrazado de español. Y ayer, el conflicto ya se hizo internacional: el gobierno español revisa las competencias de la CNE para aumentar su capacidad de veto, y Bruselas considera ese paso contrario a la normativa europea. De esta forma, una cuestión de mercado ha alcanzado una dimensión política sin precedentes. Dentro de España, porque ya hemos dicho muchas veces que la opa primera no parece de Gas Natural, sino del Gobierno, y un fracaso de la operación sería un fracaso de Zapatero, Montilla y el tripartito: una pieza teórica demasiado importante para que un partido dedicado a la cacería política como el PP no utilice todas sus artes cinegéticas, desde el rifle a la trampa nocturna. En estas condiciones, propias del ritual que mueven los intereses en juego, ¿saben qué me parece más preocupante? Lo que dicen las encuestas que varios medios, entre ellos La Voz, efectúan en sus páginas web. No tienen valor científico, pero todas coinciden en un estado de opinión: la mayoría prefiere a Endesa en manos alemanas. No me parece natural. Esto no hubiera ocurrido, probablemente, si Gas Natural no fuese catalana. Quizá estemos ante una nueva versión del boicot; ante una nueva muestra de fobia a lo catalán. Deseo equivocarme en el análisis porque, si fuera cierto, eso sí que sería un mal indicio. Si de verdad se prefiere Alemania a Cataluña, tenemos muy quebradiza la unidad nacional.