EL TRATAMIENTO de cuestiones fundamentales, trátese del terrorismo, de la estructura del Estado o de sectores claves como el energético, transmite la impresión por parte del Gobierno de que domina un interés que se orienta al mantenimiento del poder y su aseguramiento para el futuro, perspectiva electoral de la que no es ajena la estrategia del principal partido de la oposición. Resulta difícil de convencer que el cambio de pareja de ERC por CiU en el Estatuto catalán no obedece a la misma razón por la que se había elegido al primero como socio preferente. Podría creerse que la posición gubernamental respondía a una concepción determinada de la organización del Estado. Los hechos inclinan a concluir que de lo que se trata primordialmente es lograr que el Partido Popular se encuentre aislado y no tenga con quién pactar en el futuro si no alcanza una difícil mayoría absoluta. A su aislamiento habría que añadir el achique del espacio de IU. No creo que puedan albergarse muchas dudas acerca del deseo generalizado de que haya paz en el País Vasco y desaparezca la lacra del terrorismo. Ese anunciado principio del fin debería constituir un punto de encuentro, por encima del aprovechamiento partidista para afianzarse en el poder o para llegar a él. Y, sin embargo, no parece que se vaya en aquella dirección. La abstención de los socialistas en el Parlamento vasco respecto de una moción a favor de la paz «sin vencedores ni vencidos», lo evidencia. Se sacrifican los principios, como manifestó la eurodiputada socialista Rosa Díez. Si se desprenden las hojas de la alcachofa fabricada con tantas noticias sobre el denominado proceso de paz y la negociación correspondiente, lo que parece quedar, de momento, como cogollo es la legalización de Batasuna para que participe en las próximas elecciones municipales.¿En qué va a consistir la retractación de Batasuna? ¿Se cree realmente que puede exigírsele que no defienda la autodeterminación? Se alerta contra un exceso de ansiedad por contemplar el fin de la violencia. Se alimenta, sin embargo, la esperanza en su verosimilitud, presentada como una baza política a alcanzar en un horizonte cercano y valedora también para un futuro éxito electoral. Y eso influye en el discurso del PP. En este ambiente, lo que debiera ser natural se desnaturaliza. La comprensible actitud de las víctimas del terrorismo por no verse equiparadas con los causantes de su dolor se convierte en un episodio de confrontación política. Lo que habría de ser una condena más, casi rutinaria, de unos atentados se rechaza en el Congreso por considerarse una iniciativa oportunista. La recogida de firmas por la unidad de España provoca el distanciamiento de una de sus partes. El poder interviene decididamente en el juego de las opas sobre Endesa: una catalana, hostil, y otra, alemana, amiga. Se genera desconfianza porque no es fácil admitir que se aparezca como campeones de la vuelta a Europa , aceptando los principios y consecuencias del ordenamiento comunitario y a la vez como campeones nacionales ; que se afirme la prioridad de los intereses de los ciudadanos si se posponen los de los consumidores al reducir la competencia. La sombra de la duda planea sobre lo que podrían ser opciones coherentes con una concepción de la política que fuese más allá de una mera técnica en el uso del poder. Es necesario, pero no como fin. Con demasiada crudeza se está viendo al desnudo.