26 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

AVELINO dos Chamosas, que tuvo fama de ser el mejor carpintero de Terra de Montes, siempre enseñaba a sus aprendices una máxima indeclinable: «As horas gastadas en afiar e asentar a ferramenta nunca son tempo perdido». Pero al señor Avelino no le bastaba con emplear largos y pausados minutos en revisar los filos de las gubias, cepillos y trenchas, o en «darlle lizo aos serrón», como él decía, sino que extendía su filosofía a las mismas tablas que le servían del aserradero vecino. Y así, antes de ponerle encima la sierra o la garlopa, dedicaba un tiempo precioso a oler los tablones, para ver si estaban secos; a golpearlos con los nudillos, para saber si tenían polillas; a rascarlos con la uña, para descubrir sámagos inoportunos; a calibrar las dimensiones, para no desperdiciar retrincos; y a estudiar las frebas , para que el cepillado no repelase las molduras. El señor Avelino nunca se hizo rico, pero todos nos sentimos orgullosos de los muebles que fabricó y de las andas en las que procesiona, por agosto, la Virgen de los Dolores. Si Pérez Touriño hubiese tratado a Avelino dos Chamosas, no se daría tanta prisa para constituir la comisión que ha de revisar el Estatuto, y, lejos de apremiar a Núñez Feijoo para que ponga manos a la obra, le dejaría afilar y asentar sus herramientas y calibrar la dimensión de sus posibles cesiones. Todo lo que ahora se haga con precipitación serán frebas repeladas el día de mañana. Todo lo que no se huela con precisión se convertirá en entrepaños retorcidos. Y toda polilla que no se detecte a golpe de nudillo será una añagaza para el mueble construido. Me gustaría saber qué quiere decir Pérez Touriño cuando amenaza al PP con avanzar sin ellos. Y también tengo mucho interés en conocer qué se gana con precipitar nuestro debate antes de que el Estatut nos haya mostrado las dimensiones exactas del campo de juego. Porque, habiendo renunciado al oficio de zapadores, que sólo asumieron Pasqual Maragall y los nacionalistas catalanes, puede resultar un error lamentable el pisarle los talones a los exploradores, sin esperar con paciencia -«via trita, via tuta»- a que el camino esté mallado y despejado. En Galicia no se puede ir a ninguna parte sin la aquiescencia del PP. Y, por más abierto y flexible que se muestre Núñez Feijoo, tampoco es posible redactar nuestro Estatuto en un ambiente en el que todo lo que haga el Partido Popular pueda ser utilizado para establecer incoherencias o denunciar dependencias en relación a las estrategias de la calle Génova. Por eso le aconsejo al BNG y al PSOE que esperen a que Núñez Feijoo afile y asiente sus herramientas. Porque ese tiempo -lo dijo el señor Avelino- nunca será perdido.