NO ME explico cómo el consejero del PNV en tareas de Interior, Javier Balza, tiene perfectamente contabilizados todos los comandos de ETA y sabe dónde están. No me lo explico porque la Ertzaintza no detiene a un etarra ni por error, desde hace años, y no me lo explico porque, si tiene tanta y tan buena información, ¿por qué no los detiene? El PNV no soporta que el eventual final del terrorismo no se traduzca en una nueva hinchazón de sus alforjas políticas y económicas, atestadas después de lustros de terror. El PNV hizo todo lo posible por reventar el proceso de Argel, en 1989, gestionado, mano a mano, entre el Gobierno socialista y ETA sin el menor concurso del PNV. Allí no era protagonista. Por el contrario, el PNV hizo todo lo posible porque saliera adelante el proceso de tregua de 1998-99, porque ahí estaba de gallito con el frente nacionalista de Lizarra. Recuerden cómo Javier Balza dijo que el Gobierno de Aznar tenía que pedir perdón a la banda por haber detenido en Francia a unos etarras en plena tregua. Ahora, con Ibarretxe en la luna, perdón por la redundancia, y el proceso llevado personalmente por Zapatero, el PNV no coge cacho, no tiene protagonismo y hace todo lo posible por reventarlo, porque no vaya adelante sin su protagonismo. No hay más que ver la lucha sorda entre Josu Jon Imaz, posibilista y dispuesto a ayudar a Zapatero, e Ibarretxe y Egibar, siempre prestos a echar gasolina al fuego de los atentados y las declaraciones, siempre listos para achicar la capacidad de maniobra del presidente del Gobierno. Posiblemente al PNV no le guste nada que de este proceso de fin del terrorismo pueda salir una HB fortalecida electoralmente, con lo que se le cerraría el caladero en el que últimamente echa sus redes con radicalidad. Los mejores resultados de HB se registraron durante la última tregua y es muy probable que el final del terrorismo traería premio electoral para HB. Tampoco le gustará a los Balza e Ibarretxes un eventual acercamiento entre los socialistas y HB, por el que apuestan gentes de ambos partidos, y que podrían poner en pie una alternativa de gobierno que desplazara al PNV. El PNV puede ser el menos interesado en que se acabe el terrorismo: gracias a él ha amasado su poder político y económico, gracias a él los no nacionalistas están aterrorizados desde hace años y gracias a él obtiene un protagonismo para sus insaciables exigencias que de otra forma no tendría.