La consigna

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

23 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

POR RAZONES profesionales asistí días pasados en Barcelona a una jornada sobre el sector audiovisual en el que participaban, entre otros, representantes de la Generalitat catalana y de organismos públicos de esa comunidad. Todos los conferenciantes y asistentes eran españoles, pero esto no fue óbice para que se repartiesen audífonos y se emplease la traducción simultánea catalán-castellano y castellano-catalán, algo que empieza a ser normal en comunidades con dos idiomas propios. Con ser chocante este hecho, existiendo como existe aún un idioma común en el que nos entendemos todos los españoles, lo más llamativo fue la machacona insistencia de algunos ponentes en calificar de nación a Cataluña. Como si respondiese a una consigna impartida, ahora que se discute en las Cortes generales el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña, varios oradores metían hasta la extenuación la muletilla nació , viniese o no a cuento. Así, las televisiones en la nació catalana , o la red de cobertura y distribución de señales de televisión en la nació catalana , fueron términos pronunciados con reiteración. En ese juego de sobreentendidos en el que se han convertido muchas conversaciones y escritos, cuando el representante de las televisiones privadas hablaba de las de cobertura nacional, los asistentes entendían certeramente que se estaba refiriendo a aquellas que cubren y se ven en todo el territorio nacional; es decir, en cualquier punto de España, y cuando el que intervenía lo era de algún organismo catalán, se infería que las televisiones nacionales que él citaba eran aquellas que sólo se pueden ver en las cuatro provincias catalanas. Y de este modo, piano piano, cada uno decía lo que quería decir y cada uno entendía lo que cada uno de los que lo decían quería que entendieran los que de verdad escuchaban. El resultado de este galimatías es lo que con acierto titulaba recientemente en un artículo Félix Ovejero Lucas, miembro de la Plataforma Ciudadanos de Cataluña: Sóc qui sóc que no sóc jo . Ovejero señalaba que la clase política se ha inventado en Cataluña un país que no existe y, «sistemáticamente, a costa de lo que sea, se empecina en encajar la realidad en el mito para después reclamar en nombre del mito». La tarea de crear este mito con paciencia mineral se ha trasladado ahora al término nación , y siguiendo la consigna nos colocan la nació hasta en la sopa, además de en el Estatuto, para hacer posible el axioma de que todo nacionalismo se inventa la nación.