Adiós al señor de Trasalba

La Voz

OPINIÓN

Ramón Otero Pedrayo, el venerado como Patriarca das Letras Galegas y la figura más destacada de la Xeración Nós, fallecía hace 30 años. El intelectual galleguista dejaba un importante legado cultural que mantiene vivo la fundación de Trasalba que lleva su nombre.

09 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Galicia recibía el 10 de abril de 1976 una noticia que caía como un jarro de agua fría en un país que vivía en plena euforia contenida por la desaparición del dictador: el fallecimiento de Otero Pedrayo, el Patriarca das Letras Galegas. Se marchaba el que para muchos había sido el intelectual integral por excelencia de Galicia y el representante más destacado de la Xeración Nós. Otero era el último símbolo de una generación de referencia, la de los señores da terra, que lideró el movimiento social, cultural y político y que se implicó en el compromiso galleguista. Ramón Otero Pedrayo nacía el 5 de marzo de 1888 en lo que entonces era uno de los verdaderos ateneos de Ourense: la Rúa da Paz. En su misma casa, en el primer piso, nació y se crió Vicente Risco, con el que mantuvo una estrecha amistad y colaboración durante toda su vida. Criado en un hogar con inquietudes intelectuales, el joven Otero estudia en Compostela y Madrid y se empapa de obras de geografía, historia, literatura, filosofía y otras materias. De aquella etapa iniciática da cuenta su novela Arredor de sí. De regreso en Ourense, corría 1911, se integra con Risco y López Cuevillas en el grupo de los autodenominados «os inadaptados», desarrollando proyectos como la revista La Centuria o en el Ateneo. El devenir del grupo, y de otros intelectuales como Castelao, tendrá un punto de inflexión en la figura de Antón Losada. El pensador de Moldes atrae a los ourensanos hacia el compromiso con Galicia a través de las Irmandades da Fala. De aquella época, y con los mismos protagonistas ?Otero, Cuevillas, Risco, Noguerol, Losada?, data el proyecto de la revista Nós. Otero se incorpora al Seminario de Estudios Galegos en 1923 y en la Segunda República consigue acta de diputado por Ourense por el Partido Nacionalista Republicano, más tarde integrado en el Partido Galeguista. La Guerra Civil marcará, como para los intelectuales de su generación, el inicio de su particular calvario: es despojado de su cátedra en el instituto de Ourense y se refugia en el pazo de Trasalba en un particular autoexilio. En 1947 protagoniza el reencuentro simbólico de la resistencia galleguista interior y la del exilio en el viaje que lo lleva a Buenos Aires, donde estaba Castelao. Otero, el señor de la Casa Grande de Cima de Vila, nunca claudicó: jamás solicitó el reingreso en el cuerpo de Catedráticos de Bachillerato y opositó en 1950 a la cátedra de Geografía en Compostela. En ese mismo año pasó a ser director de la Editorial Galaxia. Los ocho años en Santiago suponen para don Ramón un reencuentro con su pasado y el reconocimiento de las nuevas generaciones, que llenan las aulas para disfrutar de la oratoria del patriarca de Trasalba. El 12 de abril hacía su último viaje y éste se convertía en una historia de amor fraternal: Otero Pedrayo era trasladado al cementerio de San Francisco dentro de una caja de madera creada con O Irmanciño, un pinsapo que su padre plantó en Trasalba para celebrar su nacimiento y que el temporal derribara en 1972. Sus amigos se confabularon para guardar la madera troncal durante esos años para que don Ramón y O Irmanciño se encontraran de nuevo y fuesen enterrados juntos, cubiertos por la bandera de Galicia.