El difícil final de la violencia

| CARLOS G. REIGOSA|

OPINIÓN

24 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

COINCIDÍ con Felipe González el pasado jueves en la inauguración del restaurante Rubaiyat, que Belarmino Fernández, exitoso emigrante gallego en Brasil, acaba de abrir en Madrid. Pude saludar al ex presidente y hablar muy brevemente del proceso vasco. Felipe había estado el día anterior con El loco de la colina en TVE, y me pareció que su optimismo se había acrecentado con la clara negativa del presidente del PNV, Josu Jon Imaz, a pagar ningún precio político por el final de ETA. Me dijo: «Soy más optimista, es cierto, pero sigo siendo un optimista escarmentado». Ignoro qué me diría ahora, después de que la ferretería de un concejal de Unión del Pueblo Navarro en Barañáin ardiese por completo, provocando cuatro heridos, y una sucursal de seguros fuese atacada en Guecho (Vizcaya) por cuatro encapuchados. Si es cierto lo que dijo el portavoz parlamentario del PNV, Josu Erkoreka, de que cualquier extorsión o violencia, por mínima que sea, «invalidaría» el proceso iniciado, se hace urgente saber quiénes fueron los autores del siniestro. De momento, ya es una mala señal que el sábado, después de conocerse el primer suceso, Batasuna no tuviese unas palabras de condena -se aproximó a ellas ayer- y prefiriese esperar a «tener más datos». ¿Qué datos necesitaba para condenar ese acto de violencia? ¿O es que acaso aún no sabía entonces si habían sido algunos de los suyos? Ha estado bien el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, al afirmar que es un hecho «incompatible con el alto el fuego de ETA» y que «todo parece indicar» que es una acción de violencia callejera. Es lo que pensamos la inmensa mayoría de los españoles, y lo que seguiremos pensando mientras no se demuestre lo contrario. También ha estado bien el presidente del PP, Mariano Rajoy, al pedirle al Gobierno que «aclare» la autoría, que «ande con cuidado» y que no hable de proceso de paz «porque no hay ninguna guerra, sino una organización terrorista que atenta contra los demás». Por este camino de entendimiento y respeto entre las fuerzas democráticas, y sin ceder un ápice ante el terrorismo, es posible acabar con la violencia. Por una vía o por otra. Es algo que debe saber el mundo batasuno. Para que no acabemos todos escarmentados.