Un reto a la solidaridad

| JACINTO SÁNCHEZ IBÁÑEZ |

OPINIÓN

28 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTE AÑO se cumplen veinticinco del primer trasplante de órganos en Galicia. Desde entonces, los 1.500 donantes han permitido trasplantar cerca de 4.100 órganos a 4.000 gallegos. Los trasplantes de órganos mejoran la calidad de vida, permiten una vida independiente de las máquinas (diálisis) y suponen un ahorro en costes sanitarios. Con cada donante del que se puedan trasplantar todos los órganos se ganan de promedio 30,8 años de vida. El trasplante es la única actividad sanitaria que depende da la decisión que tomemos como ciudadanos, de nuestra respuesta como sociedad. Sin donantes no hay trasplantes. Pero no todos los gallegos se pueden trasplantar. En el año 2005, la demora media para esperar un corazón o un pulmón fue de 111 días y para un hígado, de 6 meses. Cerca de 400 receptores continúan en listas de espera. Pero lo más dramático son los 30-40 receptores (un 11,5%) que cada año fallecen mientras esperan un órgano. Para solucionar este problema necesitamos aumentar nuestras tasas de donación. En el año 2005 estábamos en el cuarto lugar por la cola, con 29 donantes por millón de habitantes, cuando la media de España fue de 35. El verdadero problema radica en el porcentaje de negativas familiares a la donación, que fue de un 25,6% (la segunda comunidad con la tasa más alta), mientras que en España ha sido sólo de un 16%. Resulta paradójico que una comunidad con gran actividad trasplantadora (en estos 25 años se ha trasplantado más de un paciente por cada 1.000 habitantes) tenga la segunda tasa más alta de negativas familiares. Y necesitamos saber a qué razones obedece este hecho. Mantener el sistema de donación-trasplante es esencial porque nos permite recibir un órgano cuando lo necesitamos. Y ese 25% de personas que hoy no aceptan donar los órganos de un familiar que ya ha fallecido, deberían pensar que en un futuro podrían ser ellos mismos o sus familiares los que tendrían que recurrir a este sistema. Hay que involucrar a todos los sectores de la ciudadanía, sin olvidar a la juventud, trabajando para acercar la donación y el trasplante a nuestras escuelas. Hay que sembrar para el futuro, creando la cultura de la donación. Afianzar esta cultura en el presente garantizará los trasplantes en el futuro. Se beneficia a los que lo reciben, a sus familias y en definitiva, a toda la sociedad. Y ese beneficio colectivo nace del esfuerzo individual que supone la donación, y por eso es un reto a la solidaridad.