Medio mes después de que se proclamase la República se inauguró el aeropuerto de Madrid, situado en Barajas, en un acto presidido por un subsecretario del Gobierno y que tuvo menos eco de lo que cabría esperar en los medios de aquella época.
30 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Nada que ver con la espectacular inauguración de la terminal 4, hace casi tres meses, presidida por José Luis Rodríguez Zapatero, y en la que también estuvieron presentes la ministra de Fomento y la presidenta y el alcalde de Madrid. La inauguración del aeropuerto de Barajas, hoy hace 75 años, fue más sobria y tuvo menos relevancia. Aunque se había abierto al tráfico aéreo el 22 de abril de 1931, fue ocho días más tarde cuando se inauguró oficialmente, sólo medio mes después de la instauración del régimen republicano. En representación del nuevo Gobierno asistieron Rafael Sánchez Guerra, subsecretario de la Presidencia; el gobernador militar, general García Benítez, y el director general de Transportes, Salazar Alonso. También estuvieron presentes el alcalde y algunos concejales de Barajas. Los medios de comunicación no prestaron mucha atención al acontecimiento, centrados, como estaban, en relatar los primeros pasos de la República. Así, por ejemplo, un periódico madrileño le dedicó un suelto, que comenzaba así: «En la tarde del jueves se inauguró en las inmediaciones del pueblo de Barajas el aeropuerto de Madrid, cuyo objeto es la instrucción de pilotos aviadores, así como la instalación de diferentes servicios aéreos». Tras citar a los asistentes, seguía el periódico: «El aeropuerto está situado en una gran llanada [...] al pie de unos montículos de escasa elevación. En este terreno se ha construido un hotel-club, un aero-garage, con cabinas para aviones particulares y un pequeño chalet para el público que concurra a las fiestas que se organicen en el aeropuerto». En el acto hubo exhibiciones de diferentes aparatos. Primero, algunas avionetas realizaron vuelos y acrobacias y poco después, a las cuatro y media de la tarde, dos escuadrillas de aviones militares de Cuatro Vientos aterrizaron «después de evolucionar con gran precisión», según el anónimo cronista del diario. Éste relataba que «también llegó en un aparato el comandante Franco». Tanto él como las autoridades reseñadas fueron recibidas por el director de «la Compañía», Juan Bono-Boix, que les mostró las maquetas y los planos del campo, así como las edificaciones. No todo salió bien aquel día. La falta de viento hizo que fracasara el ensayo de un planeador tripulado por un suboficial apellidado Abarrán. Eso sí, Sánchez Guerra ?que entre 1935 y 1939 sería presidente del Real Madrid? voló en uno de los aviones. El final de la crónica de prensa es propio del estilo de la época: «Los expedicionarios de Madrid fueron obsequiados en el Avión Club con un refrigerio, después del cual se organizó un baile, que estuvo muy animado». El Gobierno del dictador Primo de Rivera se propuso, en 1928, crear una red de transporte aéreo con centro en Madrid. En ese momento existían tres aeropuertos principales en la capital: dos civiles, en Getafe y en Carabanchel, y otro militar, el de Cuatro Vientos. Había vuelos a Sevilla y Barcelona. Pero pronto las instalaciones se quedaron pequeñas. Entre las cuatro ofertas presentadas en el concurso público para la adquisición de terrenos (Getafe, Carabanchel, Vallecas y Barajas) , se eligió esta última, presentada por Rogelio Sol Mestre, por un valor de 731.000 pesetas. Se trataba de un páramo de 146 hectáreas, en el municipio de Barajas, que fue escogido por su buena comunicación con Madrid a través de la carretera de Francia y por la falta de obstáculos y de zonas habitadas a su alrededor. Adquiridos los terrenos, se convocó un concurso de proyectos (Gaceta de Madrid del 23 de julio de 1929), que ganó el arquitecto Luis Gutiérrez Soto, que diseñó el aeropuerto junto con el ingeniero Marqués de los Álamos.