LUÍS VENTOSO | O |
08 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DÍAS atrás, cuatrocientos pilotos se manifestaron en la colosal T4 de Barajas. Con pancarta y uniforme, protestaban por la supuesta falta de seguridad en los vuelos, que achacaban al creciente número de operaciones y a los ahorros en mantenimiento. Su queja tuvo escaso eco y se pretextó que lo único que pretendían era hacer ruido para defender sus opíparos salarios. El viernes pasado, un Airbus 321 de la que se proclama «compañía española de bandera» voló de Milán a Madrid con sus 180 plazas abarrotadas. En Barajas el día estaba nublado, pero el avión traspasó la barrera de las últimas nubes y descendió suavemente, con buena visibilidad. Pero cuando ya se disponía a posarse en pista, picó hacia arriba y salió fungando con estruendo. Un minuto después, daba vueltas sobre el Palacio de Oriente, a la espera de volver a Barajas. A la segunda sí aterrizó. Y entonces, con el avión ya amarrado a la paz del finger , el piloto les confió un secretillo a sus pasajeros: «Señoras y señores, les informo de que antes tuvimos que efectuar una maniobra de emergencia porque había otro avión en la pista». La pericia del piloto salvó una negligencia casi criminal de otros profesionales, que estaban en la berza. Y todo se queda en otra anecdotilla anónima de Barajas. Hasta que alguna vez...