Una meta para nuestros políticos

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

26 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

NUESTROS políticos deberían reeducarse en el sentido de que algo dicho por un rival -es decir, por alguien de otro partido- puede ser cierto. Como sostiene el inefable y siempre sorprendente (incluso para sí mismo) Carod-Rovira, «porque lo diga el adversario no deja de ser cierto». Y así es. Por eso resulta patético que, detrás de cualquier manifestación de un partido, llegue precipitadamente la reacción de su contrario con toda clase de descalificaciones. El espectáculo sería incluso divertido si no fuese por lo que tiene de grotesco menosprecio de nuestras capacidades. Hay ocasiones en que las afirmaciones y las reacciones se solapan en cadena, sin que el ciudadano pueda recordar el origen banal de la disputa. Si quieren un ejemplo, se lo daré. Sigo con atención el capítulo de las infraestructuras en Galicia, porque creo que ahí se juega nuestro futuro. Pues bien, lean las declaraciones con las que nos abruman. Acabarán por creer que lo relevante es dilucidar si fue antes el huevo o la gallina, y que nada importa menos que las fechas y sus cumplimientos. Pero se equivocan. No se trata de debatir quién tuvo la culpa de nuestro aislamiento histórico, sino de saber cuándo funcionará el AVE Galicia-Madrid, por ejemplo. ¿Es tan difícil responder? Soy un firme creyente en la buena voluntad política que anima, en estos asuntos, a los señores Touriño, Quintana y Feijoo. Sin reticencias. Por eso me parecen tan lamentables sus discrepancias y sus desacuerdos en cuestiones de matiz o de detalle, que sólo sirven para... perder el tren. Y mucho me temo que, con la negociación del cambio estatutario, vamos a asistir a espectáculos parecidos, retóricas hueras y politiquerías sin altura, con la vista puesta en las encuestas partidarias y no en el interés general. Y esto también sería muy lamentable. Porque es la hora de alzar la mirada, detectar los peligros que nos acechan en este Finis Terrae nuestro, apoyar unidos y con energía unas infraestructuras de todo punto indispensables -e inaplazables- y acordar un Estatuto que defienda nuestros intereses y nos beneficie tanto como sea posible en el conjunto del Estado. Este logro sí que hablaría por sí sólo de la grandeza de nuestros políticos.