28 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Leer y presentar en Madrid el libro de Francisco X. Fernández Naval sobre los gallegos y Julio Cortázar ( Respirar polo idioma ) me ha permitido conocer la profunda y larga relación del gran escritor argentino con las mentes más lúcidas de nuestra emigración bonaerense: Arturo Cuadrado, Luís Seoane, Lorenzo Varela, Rafael Dieste, Carmen Muñoz, Otero Espasandín, Francisco Luis Bernárdez, Francisco Porrúa, etcétera. Una relación esencial en los doce años claves de su formación y de sus primeras publicaciones. Ellos lo acogieron en su regazo literario y lo impulsaron tanto como les fue posible. Sin embargo, en las ocasiones en que entrevisté al autor de Rayuela , jamás me habló de ellos. En esto pensaba al leer el libro: en que se le olvidó ser agradecido con aquellos sufridos exiliados que tan generosos fueron con él. Definitivamente, Cortázar no los entendió. Y esta ingratitud me iba soliviantando a medida que avanzaba en el revelador libro de Fernández Naval. La decisión de Aurora Bernárdez, viuda del escritor, de ceder el legado fotográfico y fílmico de Julio Cortázar al Centro Galego das Artes e da Imaxe de Galicia me parece ahora una justa reparación. Aquellos gallegos se lo merecían todo, incluso su recuerdo, don Julio.