CON EL título Voluntad de nación publiqué el habitual artículo semanal en relación con el debate suscitado sobre la autodefinición de Galicia en el Estatuto. Por imponderables que se escapan a la más avanzada tecnología desapareció el último párrafo, que daba razón de ser al título. Se trataba de colaborar en la búsqueda del compromiso indispensable para que la reforma del Estatuto vaya adelante, una vez que todos se han pronunciado a favor de emprenderla. Parece razonable pensar que la única salida no sea la mera adhesión del PPdeG al «carácter nacional» propuesto por el PSdeG y el BNG. En el planteamiento que se ha hecho por los máximos representantes del bipartito hay una componente de comparación con el Estatuto de Cataluña y con el implícitamente anunciado del País Vasco. Las imágenes empleadas, propias del mundo futbolístico tan de actualidad, lo corroboran. Así las cosas, concluía entonces diciendo que a Cataluña no le han permitido que su Estatuto diga que es una nación. Tampoco a nosotros se nos va a permitir. Habrá que explorar otras vías que faciliten el necesario consenso. Quizá no encerrándose en definir lo que se es, sino manifestando qué queremos ser. En ese sentido cabría incluso en el pórtico del Estatuto, «Galicia, nacionalidad histórica con voluntad de nación¿». Voluntad de un pueblo integrado y solidario, con un futuro abierto, ni impedido ni predeterminado por el presente. Esa voluntad puede realizarse de diferentes maneras, tantas como las que admiten los polisémicos términos de nación y nacional y nacionalidad . Puestos a no quedar atrás, ese pórtico al que se aludía podría ser el artículo primero del Estatuto.