El Líbano, la víctima

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

22 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTE pacífico país, la antigua Suiza del Mediterráneo, tiene la mala suerte de estar situado en el ojo del huracán árabe-israelí. Por eso sufrió una guerra civil de 1975 a 1990 que lo dejó en ruinas, con cien mil muertos. Desde entonces, el Líbano quedó ocupado por el Ejército israelí al sur, para evitar el bombardeo guerrillero, y también por una fuerza de 200.000 soldados sirios, que se retiró el año pasado, bajo la presión internacional por el asesinato del ex presidente Hariri. Los israelíes evacuaron el sur del Líbano voluntariamente en el año 2000, con la condición de no ocupar el territorio desalojado por Israel. Pero ahora aparece Hezbolá fuertemente armado con misiles de origen sirio e iraní. El Líbano se estaba reconstruyendo en una nueva situación de paz, hasta el punto de gozar de una división del poder político entre las dos religiones principales. Con un Parlamento de 128 asientos, 64 son para los cristianos diversos y otros 64 para los musulmanes suníes y chiíes. Así, el presidente es siempre cristiano, el primer ministro, suní, y el presidente del Parlamento, chií. ¿Hay mayor forma de convivencia entre las comunidades religiosas? Además, en el Gobierno figura por primera vez un representante de Hezbolá. Ahora, alguien ha decidido atacar a Israel para reanudar el conflicto armado en el cual, a través de partes intermedias -Hamás y Hezbolá- intervienen Siria e Irán, pero eligiendo el espacio para combatir en el Líbano, que vuelve a ser la víctima. Mientras tanto, la comunidad internacional está desconcertada ante esta vuelta de tuerca del bloque islamista, que ha perdido ya sus principales apoyos en Chechenia, Pakistán, Sudán, Afganistán e Irak. Éste es el panorama bélico de una guerra no declarada que en el siglo XXI se predice como una nueva forma de guerra fría que, a base de atentados terroristas, va para largo.