22 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA MISERIA humana ya tiene logotipo. En esta sociedad en la que tan pendientes estamos del márketing, conviene dejar una marca para que las generaciones venideras puedan saber de nuestras extraordinarias cualidades humanitarias. El emblema de esa miseria humana que dejamos para la posteridad es una fotografía. La de 51 africanos desperdigados por la popa y la bodega de un pesquero español a la espera de que desde fastuosos palacios se decidiera su futuro. Porque, ¿hay algo más miserable que mantener hacinados y abandonados en el mar a unos seres humanos? ¿Hay algo más despreciable que intercambiar personas como quien intercambia cromos? ¿De qué pasta son quienes dirigen sociedades que aspiran a ser europeas y modernas y se oponen a auxiliar a desvalidos? Resulta difícil imaginar una actitud más mezquina que la que acabamos de mostrar todo un continente con la excepción de un patrón y su tripulación. Ahora que se nos llenaron los ojos de lágrimas viendo cómo el compañero de Isabel Pantoja ingresaba en prisión; que sufrimos una conmoción nacional porque Zapatero se retrató con la kufiya y que nos angustiamos y protestamos porque, según parece, la familia se nos está yendo al garete, no movimos ni una pestaña ante el drama de Malta. Ni se la hemos visto mover a quienes son tan propensos a mostrarnos cada mañana el sendero de la ética y de la conducta intachable, que son los mismos que alimentan y financian la bronca del día. Lo de los 51 negros tirados, humillados y ultrajados en un pesquero va a ser logotipo de la miseria humana. Por eso sorprende que quienes son tan sensibles que no pueden evitar crisparse porque nuestros pequeños van a estudiar Educación de la ciudadanía, no hayan alzado la voz para denunciar el comportamiento ruin y miserable de esta fascinante Europa.