El efecto Guggenheim se desinfla

OPINIÓN

06 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA PEREGRINACIÓN académica que la proliferación de cursos de verano suele generar me ha llevado una vez más por las ciudades del norte. Unas veces para hablar sobre el futuro de las ciudades o las ciudades del futuro, y otras para debatir sobre el futuro de las comarcas o las comarcas del futuro. Y uno de los obligados finales de etapa fue Bilbao. Allí, en la renovada metrópoli vasca, hablamos sobre la eficacia de los planes estratégicos urbanos. Tanto la evaluación empírica de los resultados, como las aportaciones de los propios directores de dichos planes, y la evolución de la teoría del desarrollo urbano en un mundo global, pusieron en cuestión la eficacia de tales instrumentos, al menos tal como se concebían hasta ahora en su dimensión básicamente economicista. El discurso de las ciudades ha abandonado el énfasis en las infraestructuras y los equipamientos y se ha orientado hacia contenidos sociales y valores inmateriales. También se analizó la eficacia de lo que se ha llamado arquitectura escaparate o de márketing. Precisamente Bilbao ha sido su exponente más sobresaliente, al que muchas ciudades han imitado. Han transcurrido cerca de diez años, y tras un extraordinario efecto inicial , el número de visitantes ha ido disminuyendo, con una caída fuerte en la mitad del período y un estancamiento después, pero a niveles que nada tienen que ver con un efecto de promoción urbana consistente. Efectivamente el descenso supera el 60 %, situándose en torno a los 800.000 visitantes anuales, una cifra que muchos museos urbanos alcanzan o superan casi todos los años. Con la caída también se han reducido los efectos sobre el empuje turístico, y la inversión hotelera. La ciudad, al constatar la realidad de los resultados, y ya que tampoco ha conseguido sustituir o completar la base económica, ha iniciado un profundo proceso de reflexión sobre su futuro, aprendiendo de los éxitos y los fracasos del pasado reciente. Eso es lo que hacen las ciudades inteligentes. Lo lamentable es que aquí , la reflexión es muchas veces sustituida por la imitación, y son muchas las personas (políticos, profesores, ciudadanos) que siguen invocando el efecto Guggenheim para justificar lo injustificable, como es el caso de la Ciudad de la Cultura. Una fórmula cuyo éxito tiene un recorrido cada vez más corto, como más efímero es también su impacto para la promoción de las ciudades, porque la reiteración imitativa de modelos hace que estos lleguen a ser cada vez menos eficaces. El caso es que el efecto Guggenheim se desinfló. Y todos deberíamos aprender de ello.