ES DIFÍCIL dudar a estas alturas de que el conflicto armado israelo-libanés se ha cerrado en falso. Tan en falso que ya son muchos los que creen que en el horizonte se está fraguando otra gran guerra en Oriente Medio, con varios países implicados de uno u otro modo: Israel, Líbano, Siria, Irán y la comunidad palestina. Con Estados Unidos de por medio, naturalmente. Porque el resultado de los recientes combates del ejército israelí contra la milicia de Hezbolá y el alto el fuego en que se han detenido no ofrecen ninguna garantía de una paz duradera. Por el contrario, la autocrítica israelí se dirige hacia el escaso éxito de sus líderes actuales, civiles y militares, que no han sabido estar a la altura de sus predecesores Ariel Sharon o Ehud Barak, dos primeros ministros con gran experiencia militar. Todo parece indicar que el actual máximo dirigente, Ehud Olmert, y el jefe del Estado Mayor, Dan Halutz, han actuado con precipitación y han debilitado sus propias posiciones, muy discutidas en estos momentos en Israel. Lo contrario justamente de lo que está ocurriendo en las filas de Hezbolá, con su líder, Hasán Nasralá, convertido ya en la figura más popular del mundo árabe y musulmán y con ninguna disposición a cumplir las resoluciones 1559 y 1701 que disponen su desarme. Como tampoco Israel tiene la menor disposición de cumplir la 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, que le exige retirarse de los territorios ocupados en 1967. Ya no hay margen para la ingenuidad. Quizá todos quieren la paz, pero de lo que no hay duda es de que se preparan para la guerra. Las celebraciones sirias e iraníes por la quiebra del mito de un Israel invencible han acabado de tensionar el panorama. La Unión Europea, paralizada, contempla con pasmo el cenagal en el que la invitan a entrar. Francia y Alemania saben que no tendrán nunca una posición influyente o decisiva en un conflicto futuro. Rusia y China han renunciado ya a tenerla sin decirlo (su silencio es elocuente). Y Estados Unidos, ojo avizor, calcula el momento de asestar un golpe decisivo al programa nuclear iraní..., pero desde el aire, porque el pie a tierra se ha puesto muy caro. ¿Puede decirnos alguien por dónde soplan los vientos de paz?