De las rías con efe a las rías sin efe

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

01 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

COMO EN cada verano, las idas y venidas me llevaron por esas rías que por su inusual valor merecían mayor protección y cuidado del que han recibido y siguen recibiendo. Es una herencia que no vamos a ser capaces de transmitir a las generaciones que nos sucedan. Es por eso una gran irresponsabilidad histórica lo que en las rías venimos haciendo y consintiendo. Pero en esto, como en tantas cosas, nadie se siente responsable, ni los alcaldes, ni los arquitectos, ni los promotores, ni los constructores, ni la Xunta, ni tampoco el ciudadano que solo busca un interés egoísta a corto plazo. El resultado es una destrucción colectiva del país. La semana pasada anduve por las Rías Baixas, donde el feísmo, o como se quiera llamar, avanza sobre nuevos territorios. Así, en Porto do Son, donde los vecinos se están organizando frente a la gran piscifactoría que les adjudicó Touriño, o para evitar los desmanes urbanísticos que la Xunta no acaba de atajar. Junto a esto, el desastre de los incendios me ha encogido el ánimo. ¡Cuánta política, cuánta demagogia, cuánta mentira y qué poca eficacia! Tampoco la Costa da Morte se libra del caos. Unas veces son los puertos pesqueros arrebatados de su tipismo o su armonía (caso de Muxía) y otras la construcción desordenada (caso de Fisterra). En el resto de las Rías Altas la situación sigue siendo comparativamente mejor. Casos como los de Santa Cruz, Redes, Mugardos, Cedeira, Ortigueira y el precioso puerto de Rinlo, resultan ejemplos alentadores. Siempre esa mejora está unida a la acción de sus alcaldes, de variados colores políticos, pero tienen en común el cariño por su pueblo y a través de él por Galicia. Un sector de la costa con un saldo favorable en las dos efes que asolan nuestro territorio: el feísmo y el fuego. Y me pregunto: ¿por qué en estas rías el feísmo se combate y el monte no arde? Las grandes extensiones de eucaliptos que bandean el litoral se presentan limpias y verdes. Y los pueblos limpios, cuidados, hermosos. Claro que tampoco faltan casos de destrucción paisajística y desastre constructivo, como ocurre en el escandaloso municipio de Miño, pero no es lo dominante. Claro que Montefaro ardió como todos los años y que pequeños brotes se observan en varios lugares, pero para verlos hay que fijarse mucho. Es cierto que el pésimo estado de las carreteras, algunas como en tiempos del franquismo, facilitan la observación. Y me hacen pensar en lo injusto del reparto político de los dineros de todos. Los que más cuidan Galicia son los que menos reciben. Y viceversa. Es nuestra desejemplarizante ley del embudo.