Esa resignación

La Voz

OPINIÓN

LUIS VENTOSO | O |

23 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SI GALICIA aparece destacada en los telediarios sólo puede ser por dos motivos: una desgracia grave y telegénica; o alguna tradición pintoresca, de esas que a ojos foráneos nos convierten en la reserva etnográfica de Occidente (procesiones de mortajas, torneos de lanzamiento de sacho, botafumeiros aerodinámicos). Nuestros éxitos empresariales, científicos y deportivos, o los actos culturales de Galicia, no son noticia. La realidad informativa española es que Alaska meneando el bandullo en un garito de Malasaña puntúa más que cincuenta mil personas en el Festival de Ortigueira. Esta vez hubo unas inundaciones serias. Y las cadenas de Madrid se vuelcan cuando el exótico rural gallego se ve zarandeado por los elementos, sea fuego, agua o vertidos. Cámaras y reporteros en katiuskas recorrieron las parroquias desbastadas por las riadas. De Padrón a Oia, los vecinos aparecían junto a coches volteados, rodeados de lenguas de lama y contritos ante sus viviendas anegadas. Los testimonios se sucedían y algo llamaba la atención: la infinita paciencia y mansedumbre de los damnificados. Es cierto que jarreó muchísimo más de lo normal y que era muy difícil evitar todos los daños. Pero aún así, sorprende que ni una sola de las víctimas hiciese un reproche a la mano humana. Se asumía toda la desolación como si fuese un castigo bíblico y sólo quedase achantar. ¿No tendrán las inundaciones algo que ver con los incendios, que dejaron las sierras laminadas permitiendo que la ceniza y el lodo bajen a chorro? ¿No hay relación entre las riadas de Cee y el hecho de que el pueblo haya medrado sobre un humedal? ¿No deben las autoridades canalizar los ríos con problemas recurrentes y limpiar los desaguaderos obturados? Galicia se convertirá en un gran éxito cuando deje de ser el país del amén, la resignación y el «tiña que ser».