Más vale tarde que nunca

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

25 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA PUBLICACIÓN de las memorias del ex canciller alemán Schröder ha creado un justificado revuelo. Sus opiniones críticas sobre diversos personajes de la vida política alemana, como las que dedica a la actual canciller, Angela Merkel, o al ex ministro de Economía, Oscar Lafontaine, son un simple ajuste de cuentas doméstico y no tendrán más repercusión que una tormenta en un vaso de agua. Sin embargo, la equiparación que hace entre el fundamentalismo árabe-musulmán y el cristiano en EE.?UU. es una declaración política con vocación estratégica que ningún dirigente de la talla del ex canciller se había atrevido a formular antes en un país occidental. Porque es cierto, como subraya Schröder, que la ola fundamentalista no ha afectado únicamente a los países musulmanes, se ha extendido también a las naciones desarrolladas. El regreso de los nacionalismos excluyentes, el ascenso del racismo y la xenofobia y la conquista del poder en EE.?UU. por un clan ultraconservador muestran fehacientemente que la aparición de un identitarismo religioso y culturalista es un fenómeno mundial. Resulta asombroso comprobar cómo los teólogos que rodean a Bush o inspiran a Bin Laden justifican su cruel carnicería en nombre de la misión redentora que dicen defender frente a sus malvados enemigos. Desde luego, no es nada nuevo que EE.?UU. se sienta como pueblo elegido o un nuevo Israel. Pero sí lo es que Bush, con su retorno al Antiguo Testamento, haya logrado unir en la misma persona la cabeza de la derecha religiosa y la de presidente de EE.?UU., para proclamar sin rubor que todas sus grandes decisiones políticas responden a un mandato divino. Es un paso que refleja los cambios operados en un país en el que, según las encuestas, la mayoría de los votantes de Bush creen en un segundo advenimiento y que el mundo acabará en un apocalipsis. Por eso, como recuerda Schröder, es imposible el diálogo o la negociación con Bush. Dado que, para él, la política viene inspirada por Dios, cualquier discrepancia o crítica es considerada un cisma o una herejía. Tampoco ningún dirigente político del nivel de Schröder había hablado antes tan claro sobre la personalidad del presidente norteamericano. Al ex canciller sólo le faltó decir que una persona que habla con Dios es una persona religiosa, pero si Dios habla con ella entonces es un psicópata. Así pues, a las arengas de los extremistas judíos y musulmanes se unen ahora las de quienes, como el presidente estadounidense, han convertido a Dios en un condominio del complejo militar-industrial norteamericano y de los magnates petroleros de Tejas. Según su perversa y pintoresca visión, Faluya, Guantánamo, Abu Ghraib o los centros de tortura que EE.?UU. tiene diseminados por todo el mundo se convertirían en inevitables consecuencias de la voluntad divina. De nuevo, como tantas veces a lo largo de la historia, los actos de barbarie se cometerán en nombre de Dios. A Schröder se le debe reprochar que no hablara con la misma claridad cuando estaba en el poder. Pero más vale tarde que nunca.