Las corredoiras tienen plan

| LUIS VENTOSO |

OPINIÓN

14 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NO SEAMOS negativos. Cuatro años después del Prestige , el Plan Galicia sigue vivo. Prestigiados por el moho del tiempo, en las pistas rurales se mantienen en pie los animosos carteles de fondo azul clavados en el año 2003, en los que se anuncia el asfaltado de corredoiras varias de nuestro rural en nombre de un magno plan estatal que nos iba a poner en órbita. El Prestige fue la guinda de una lluvia de morralla sobre una esquina que ya padecía un abandono de siglos. En 1970 embarrancó el Polycommander (13.000 toneladas de fuel); seis años después, el Urquiola (20.000); en 1979 el Andros Patria (34 muertos y 47.000 toneladas); en 1992 el Mar Egeo (60.000 toneladas) y en el 2002 el Prestige (63.000). En total la plaga suma más de 200.000 toneladas de chapapote, que hacen del litoral gallego el más machacado del mundo. A pesar del Gobierno amigo (quizá casi primo, a tenor de las cifras), Aznar mantuvo a Galicia a dieta: en los cuatro años desde 1998 al 2001, la inversión gallega del Estado nunca subió por encima de los 600 millones de euros anuales. Zapatero acaba de consignar para el año próximo 1.457 millones, más del doble. El espanto del Prestige , con la presión de la calle y de un periódico, sirvió para sacudir el ánimo de Aznar. Con su gabinete embadurnado por el fuel, el presidente tuvo que asumir que no había hecho los deberes en Galicia y que había gobernado mirando al Levante. El mea culpa del Estado se llamó Plan Galicia. La filosofía era elemental, pero útil: ahora vamos a invertir allí para darles a los gallegos lo que ya tienen los demás y ponerlos al menos en igualdad de condiciones para competir. El paquete del Consejo de Ministros de A Coruña incluía un AVE a Francia por el norte (olvidado). Un AVE a Madrid en el 2010 (no estará hasta el 2014, por lo menos). Unas autovías interiores en Galicia (aparcadas). El levantamiento de la prohibición de hacer buques en Fene (tema desdeñado y cambiado por la jubilación anticipada de casi 2.000 obreros ferrolanos). La mejora de la telefonía (hoy en Galicia se sigue cortando el móvil en las autopistas a niveles de sonrojo). Inversiones de choque para revitalizar la Costa da Morte (nada, y sigue el éxodo a Canarias, y no para tomar el sol). Mejora de las medidas de salvamento (sí se han producido y ya hay buques nuevos). Y un puerto exterior en A Coruña, única obra que va en plazo (y algún día habría que contar la intrahistoria de como entró en el plan, merced al empuje de alguien con principios que echó un pulso privado por Galicia). Tras Aznar, Zapatero añadió una promesa. A mayores, su gran apuesta para Galicia sería una espectacular inversión en I+D. Seguimos a la espera. Resumen: el Plan Galicia, prometido por Aznar, por Zapatero, por De la Vega y por medio mundo, no existe. Cuatro años después del Prestige , se ha subido la asignación del Estado a Galicia considerablemente, pero no se ha aplicado ningún programa estatal que desnivele respecto a lo que ya disfrutan desde hace lustros las zonas más pujantes de España. Mientras Cataluña, Andalucía y Baleares se blindan para asegurar el maná estatal, el Plan Galicia sigue firme. Sí. Allá. En los carteles de las corredoiras.