Pombo

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

14 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ÁLVARO Pombo es un torbellino del Cantábrico, filtrado por sus años de docencia en Inglaterra. Conocida su imagen por un programa de debate en la televisión de hace años, se ha llevado debajo del brazo el premio Planeta por La fortuna de Matilda Turpin . Pombo es, sobre todo, filósofo. Sus libros son novelas de ideas, muchas veces diálogos nada platónicos de exquisito gusto que nos llevan y nos traen por los interiores de las familias, cadáveres en los armarios incluidos. Su erudición brilla en sus trabajos. Como brilla su prosa de haber sido poeta antes que novelista. El primer libro se lo editó a sí mismo y era de poemas. Homosexual confeso; cristiano, que no católico, pasional; y sentimental con medida, es uno de los grandes escritores de este país. En el caso de Pombo es el autor el que prestigia el premio Planeta. Matilda Turpin es el recuerdo de una mujer de la alta burguesía cántabra que triunfó en el mundo de las finanzas y está narrada a corazón abierto, de la única manera que le es posible a Álvaro. Le conocerán por sus gafas de lector sufrido, su calva y esa barba de chivo Ahab que le pone un punto de diversión a su rostro. Hace poco expuso a gusto su disgusto con la homosexualidad como un simple artículo de lance, sólo ligues y caza, y no como una relación seria, exactamente igual que las parejas del mundo heterosexual. El libro se tituló Contra natura y zanjó sus cuentas con el universo gay. En sus textos siempre está el invierno del norte que silba a través de las chimeneas y que hace golpear las contras. Y verdades como puños: «La muerte no esclarece la vida. Simplemente, la interrumpe. Y la vuelve absurda». Álvaro Pombo, último Planeta, el autor perfecto si quieren ponerse a pensar, utilizar la lavadora que todos tenemos apagada dentro del cerebro. Activar el turbión de la mente. cesar.casal@lavoz.es