Somos los más

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

16 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

CUANDO viajé por primera vez a Portugal era todavía un chiquillo, y tal vez por eso recuerde tantos detalles de la que fue mi primera salida de España. Todos me decían que los portugueses querían ser en todo lo más «do mundo», y desde entonces esa asociación me persigue. Después me fui dando cuenta de que ese afán por agrandar todo lo de uno era común a casi todos. Las ciudades siempre son las más en algo, principalmente con relación a las más cercanas; los países, también, y hasta las proclamas culturales adolecen de ese papanatismo, cuando deberían ser su contrapunto, porque si la cultura no aporta ponderación es que algo no ha funcionado. Más recientemente llegamos al circo de los Guinness. Y todos compiten por hacer la tortilla más redonda y más grande, la paella con más granos de arroz o el chorizo más largo y más gordo. También en la arquitectura se pugna por el edifico más alto (como los pabellones de feria de Calatrava en Valencia o el Gaiás), o más extravagante (como la torre de la televisión china, o aquí el de Portos de Galicia). Y a esta carrera se suman los friquis de la telebasura, y así, suma y sigue. No es extraño ante tanto afán superador que también los políticos aporten su óbolo a la carrera. Ya antes, el segundo Gobierno socialista fue el más en corrupción, el de Aznar fue el más en apoyo al fiasco de la guerra de Irak, y ahora el de Zapatero quiere ganar el más en chalaneo político. Primero fue el chalaneo con los estatutos de autonomía. Yo creía, hasta entonces, que eran como constituciones autonómicas, en las que debían primar contenidos identitarios, de filosofía política, de principios democráticos, de sistemas de gobierno, de participación y de representación. Ahora resulta que lo importante es asegurar inversiones a corto plazo o ser los más en nacionalismo. Puestos en esa tesitura, es lógico que cada uno buscase argumentos ventajosos para el reparto basados en el más: Cataluña, la que más aporta al PIB (naturalmente, después de Madrid); Andalucía, la más poblada; Galicia, la más dispersa, etcétera. Pero la cosa se acabó cuando los que apoyaron a Zapatero para secretario general del partido frente al candidato oficial cerraron sus estatutos. Igual ocurre con los chalaneos poselectorales o con los pactos preelectorales encubiertos. La política, convertida en un chalaneo. Probablemente estaremos a punto de ser otra vez los más en algo. Porque el dictador Obiang designa a sus hijos ministros, pero no chalanea nada. Y qué decir del chalaneo urbanístico. Ahora ningún alcalde quiere ser el más, cuando antes muchos se vanagloriaban de serlo, porque parecían también los más listos. En fin, yo preferiría no ser más, sino mejor.