EL EX PRIMER MINISTRO Laurent Fabius pretendía hacer rentable un no a la Constitución europea considerado por algunos de sus conmilitones una suerte de traición con más apoyo en los argumentos de una ambición personal que en los de una teoría general de las izquierdas. El ex ministro de Economía y Finanzas Dominique Straus-Kanh buscaba la mucho más simple renta de un cierto prestigio como buen contable. En su carrera contra la muy victoriosa Ségolène Royal, ambos acreditaron ser unos manazas sumamente propensos a decir groserías. Si el apoyo de un 20% conseguido por Straus-Kanh puede ser calificado de sumamente tibio, el 18% logrado por Fabius se queda en una frialdad de la que el antiguo primer ministro podría sacar la consecuencia de que ha llegado el momento de decidir si se pone a escribir sus memorias o, bien por el contrario, su autobiografía, o a dictar ambas simultáneamente. Con más de un 60% de apoyo militante, Ségolène Royal es la candidata socialista a la presidencia de la República Francesa, si bien se ignora contra quién de la derecha planteará esa candidatura. Y no parece que esa incógnita se vaya a solventar antes de marzo, que es cuando el presidente Chirac, con 74 años, hará pública su decisión en cuanto a su propia candidatura. Entonces se verá si Chirac es un hombre de la derecha hasta el punto de aceptar la candidatura de su actual ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, o si se siente más dispuesto a enfrentarse personalmente a una candidata socialista con veinte años menos que él y veinte veces más atractiva, para demostrar, de paso, que Chirac sólo es de derechas en la medida en que la derecha es él. Esto, que puede parecer dudoso, es justamente la cuestión que plantea Valery Giscard D'Estaing en sus memorias, tituladas Le pouvoir et la vie, donde cuenta su entrevista con el presidente François Miterrand el 15 de diciembre de 1995. Giscard, que había perdido la presidencia frente a Miterrand en 1981, quería saber si el presidente socialista podía aclararle algún aspecto de aquella campaña que le ayudó a salir de la perplejidad en que le sumió su derrota. Miterrand le contó entonces -en su lecho de muerte y con el testamento de Luis XIV en la mano- que Chirac lo había ido a ver cuando aquella campaña estaba a punto de terminar, para decirle que, fueran como fuesen las cosas, la cuestión era que Giscard dejara de liderar el centroderecha francés. «Gané aquellas elecciones -le confesó a Giscard- gracias a los 550.000 votos que me transfirió Chirac en la segunda vuelta». Sarkozy queda avisado de la lidia.