SÉGOLÈNE Royal es, desde la noche del jueves, una de las candidatas a la Presidencia de la República Francesa al ganar, tal y como vaticinaban los pronósticos, las elecciones dentro de su partido, el socialista, por más del 60% de los votos. Los contrincantes derrotados, Laurent Fabius y Dominique Strauss-Kahn, mucho más hábiles en los enfrentamientos dialécticos, no han tenido más remedio que manifestar su apoyo e insistir en la necesidad de que todo el partido cierre filas con la vencedora. Licenciada en Económicas y diplomada en Administración, se afilió al Partido Socialista a principios de los ochenta. Fue consejera técnica del Secretariado General de la Presidencia de la República en asuntos de salud, medio ambiente y juventud, diputada y ministra, hasta alcanzar en el 2004 la presidencia de la región de Poitou-Charentes que ocupa actualmente. Esta mujer, que ha ido ganándose poco a poco, con una perseverancia a prueba de bomba, el favor de la opinión pública francesa, amenaza con llevar a cabo a nivel nacional grandes cambios, tanto en la forma de ver la política como en el ejercicio del poder dentro de ella. Acusada de populismo por acercarse como pocos a la gente, de no tener el suficiente trasfondo político e ideológico por hablar de forma sencilla y directa, y de ser susceptible a variar de criterio según le interese -lo que algunos calificarían, por cierto, de forma positiva como flexibilidad- ha sabido utilizar su poder mediático como nadie. Aunque todavía está por confirmar quién será su oponente, hasta el momento las encuestas parecen darle la victoria, caso de enfrentarse a Villepin o a Sarkozy. Criticada por el dualismo de su imagen, tan carismática en público como dictatorial en su círculo más cercano, tendrá que demostrar que es capaz de soportar los ataques redoblados que recibirá de la derecha. Lo que sin embargo no necesitará justificar es su ambición, su disciplina y su constancia, porque va por el buen camino para marcar un hito en la historia de su país. Es más, algunos creemos que el cambio, el aire fresco, la credibilidad y la igualdad real que viene necesitando España, también puede pasar por una Ségolène Royal patria a la que todavía estamos por conocer.