EL ASESINATO del político cristiano Gemayel, ministro de Industria, ha sido la chispa que puede llevar al Líbano a una nueva guerra civil; eso es lo que pretendían los autores del atentado terrorista. En efecto, se están dando las circunstancias cada vez más graves para el enfrentamiento de los dos bandos en que se ha dividido la sociedad libanesa, los anti y los prooccidentales. Esta división no es el resultado de la guerra árabe-israelí, porque hay suníes con el Gobierno libanés y chiíes que están enfrente. Así pues, asistimos a la erupción de un nuevo foco de conflicto en Oriente Medio que se une a los de Afganistán, Irak y Palestina. Allí se juegan complejas estrategias de poder entre los mismos árabes, en donde están también involucrados intereses occidentales. ¿Será capaz la comunidad internacional de parar la catástrofe en el Líbano antes de que llegue a la guerra civil abierta? Es mucha casualidad que en momentos tan críticos para la paz de Oriente Medio ocurran cosas como éstas: que los palestinos vuelvan a provocar a Israel lanzando cohetes; que Siria, Irán e Irak estén abriendo vías de entendimiento; que los ministros chiíes se retiren en bloque del Gobierno; que Hezbolá esté promoviendo la insurrección civil en las calles de Beirut, al verse cada día más debilitados por la intervención de fuerzas internacionales. Después de este último magnicidio, todos han mirado hacia el mismo lado para buscar el culpable en el exterior próximo, pero es muy posible que la acción terrorista venga desde dentro para provocar la caída del Gobierno, el enfrentamiento civil, y evitar así la formación del tribunal especial de la ONU para juzgar a los culpables del asesinato de Hariri y de Gemayel. Esto explicaría el nuevo crimen que pone al Líbano al borde de la guerra civil. Todo dependerá de la firmeza del Gobierno para manejar la crisis, contando con el apoyo del Ejército y la comunidad internacional.