La Constitución, zarandeada

OPINIÓN

05 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

PREPAREN la tarta y las velas, que estamos de cumpleaños. Los cumple la niña mimada, la ya moza, la flor de las tentaciones: la querida Constitución de 1978. ¿Y cómo está la reina de las leyes? Pues mire usted: como dicen en mi pueblo, «nunca peor». Goza de una delicada salud, pero resiste. La maltratan los nacionalismos, la desconoce la mayoría, la burlan los poderes fácticos, la incumplen los gobernantes. Pero resiste. Cada año que pasa, es posible celebrarla con ese maravilloso recuerdo de que nos ha dado «el mayor periodo de convivencia y libertad de la historia». Aunque sólo fuera por eso, quienes nos hemos sentido acogidos bajo su manto durante 28 años tendríamos que acercarnos a una iglesia y rezar por su larga vida. Eso: rezar, porque la Constitución española atraviesa un momento delicado. Si miro al País Vasco, encuentro que quien no la aceptó nunca, como Batasuna, no quiere acuerdos en su marco. No es mucha gente, quizá unos ciento cincuenta mil votantes de esa organización ilegal, pero es la suficiente para tener en vilo al Estado y someter al Gobierno a su más peligrosa erosión. Si miro a Cataluña, el grito de guerra de políticos de influencia, como Carod-Rovira o Artur Mas, ha sido: si el Estatut no es constitucional, que se cambie la Constitución. Es la amenaza que cuelga sobre el dictamen del Tribunal Constitucional, en respuesta al recurso que presentó el Partido Popular. Entre los partidos estatales avanza la corriente reformista. Zapatero quiere hacer una reforma de cuatro puntos, pero no encuentra aliados. Ni siquiera para acometer la más necesaria: la referente a la sucesión en la Corona. Y el PP, contrario a cambiar nada hace sólo unos días, se descuelga con catorce retoques para encarrilar el «estado residual» que, según su parecer, deja la gestión socialista. «Una chorrada», dice José Blanco. Por una u otra razón, la idea de reforma va ganando terreno. Lo único que hace que se mantenga intacta es que nadie se pone de acuerdo sobre lo que hay que cambiar. Unos quieren cerrar más el marco, y otros lo quieren abrir. El panorama se completa con las lecturas interesadas: ahora, el PSOE descubre en el texto constitucional una fibra de laicismo que ha empezado a usar contra las religiones. No hay ni una sola línea en la ley de leyes que diga que España es un estado laico. Dice que no es confesional, pero nada de laico. Sin embargo, los socialistas descubren ese espíritu. Para mí, que confunden la Constitución del 78 con la de 1931. Quieren y alaban tanto la Constitución de la República, que miran con sus ojos la de la Monarquía. Espero que no busquen las mismas consecuencias.